Benjamín Harguindey
03/04/2014 14:55

En un principio Noé (Noah, 2014) es una épica película de catástrofes (divinos en vez de naturales), pero su historia mantiene un valioso eje humano, el mismo que se encuentra en todas las películas de Darren Aronofsky: la obsesión del hombre por honrar su propio credo, y cómo ello resulta en su autodestrucción. Más allá de su monumental escala, la historia subyacente es tan intimista como las de El Luchador (The Wrestler, 2008) o El Cisne Negro (Black Swan, 2010).

Noé

(2014)

La película se inspira, por supuesto, en ciertos capítulos del Génesis bíblico. A eso suma material apócrifo, como el Libro de Enoc, por ejemplo, y el Midrash judío. Plantea a Tubal-Caín como un contemporáneo – y fiero enemigo – de Noé, mientras que elimina a otros personajes del Viejo Testamento, y ofrece explicaciones para algunos de los pasajes más oscuros de la Biblia. Como La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ, 1988), la película no busca ni censurar ni alabar el canon teológico sobre el cual se inspira, sino ofrecer una nueva mirada.

En el principio de los tiempos el mundo se divide en dos tribus. Por un lado se encuentran los descendientes de Set, Noé (Russell Crowe), su mujer Naama (Jennifer Connelly, de vuelta la sufrida pero obediente esposa de Crowe) y sus tres hijos. Por otro lado se encuentran los descendientes de Caín, una tribu minera consumida por su afán de lucro y liderada por el feroz Tubal-Caín (Ray Winstone). Gran parte de la película se sostiene sobre la tensión entre Noé y Tubal-Caín: Noé sólo quiere salvar a “los inocentes” del diluvio (los animales) porque así decreta Dios; Tubal-Caín quiere salvar a su pueblo, o al menos a sí mismo, porque “el hombre elige su destino”. El segundo acto revuelve entorno al asedio del arca de Noé.

El conflicto es, pues, Dios y su relación con el hombre – si el hombre ha de observar su mandato ciegamente, y hasta qué punto. El tercer acto, a bordo del arca durante aquellos famosos “cuarenta días y cuarenta noches”, problematiza la figura de Noé con una mirada original, dramatizando su relación con su resentido hijo Cam (Logan Lerman) y su yerna Ila (Emma Watson), a quien Noé percibe como una amenaza al sacrificio de la humanidad. Crowe no es una decisión de casting obvia pero imbuye una poderosa determinación al papel, así como Winstone como su némesis.

Hay alguna confusión sobre cuán literal pretende ser la película. Nada que la arruine si se suspende el pensamiento lógico. La cuestión es que la propia película alterna entre lógica y “magia divina” sin decidirse del todo por una o la otra. Llenar un arca de 300 por 50 por 30 codos con dos animales de cada especie es una hazaña imposible (“¿Cómo estoy tan seguro? ¡Pruébenlo!”, como dice Eddie Izzard), pero en la película se reduce a un acto divino. Por poco imaginamos a Dios chasqueando los dedos para que el reino animal enfile pacíficamente dentro de la pequeña arca. Sin embargo, Noé y su mujer tienen que inventar un incienso a base de hojas y raíces para poner a dormitar a las criaturas dentro. ¿Por qué? Dios ya reunió, amigó y dirigió a todos los animales en la faz de la Tierra. ¿Por qué dejarlo ahí?

Tampoco se nos explica cómo Adán y Eva – dos personas literales a efecto de la película – logran poblar el mundo entero, de dónde sale la progenie de Caín, o si efectivamente Set yace con su madre. La película tampoco ofrece explicaciones sobre cómo repoblar el mundo luego del diluvio. Inquietudes válidas a la hora de interpretar la Biblia, pero necesarias si se la va a literalizar e infundir de cierto realismo científico. Un intrigante fotomontaje nos muestra el proceso evolutivo que va desde los organismos unicelulares submarinos hasta los primeros primates, pero funde a blanco antes de mostrar efectivamente su ramificación en homo sapiens. El resultado es una teoría creacionista que no satisface ni a la ciencia ni a la religión, y mezcla ambas a ojo sin jugarse por ninguna. De lo único que la película está absolutamente convencida, y lo subraya con la sutileza de una caricatura, es sobre la virtud del vegetarianismo, y que matar animales para comer es maligno.

Como versión revisionista del relato siempre infantil del “arca de Noé”, el film de Aronofsky eleva el concepto a nuevos niveles de drama y espectáculo. De notable mención son los ángeles caídos, enormes criaturas de seis brazos rebozadas con piedra que ayudan a construir y proteger el arca. Podrían estar sacadas de cualquier película de fantasía. Ciertos detractores han decidido concentrarse en su presencia y otros detalles fantásticos para criticar la espectacularidad de la película, como si el texto original no fuera espectacular por sí solo. “Había gigantes en la tierra en aquellos días,” después de todo. Gen 6:4.

7.0

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