Ezequiel Obregón
03/04/2014 00:34

La segunda película de Rosendo Ruíz, director de De Caravana (2010), ofrece una mirada sobre el cine a través de uno de sus canales de difusión: los festivales.

Tres D

(2014)

¿Quién iba a imaginar que tras su vibrante ópera prima, una cuidada producción con aire “popular”, el cordobés Rosendo Ruíz se iba a despachar con un film como Tres D (2014), tan próximo al público más cinéfilo que la apreciará en este nuevo BAFICI? A primera vista, el opus número dos pareciera adoptar una senda estética totalmente diferente. Pero en una lectura un tanto más detenida, ya había en el film anterior una pasión cinéfila, no tan autoconsciente, pero sí evidente; la pasión por el género, tamaña factoría de producción cinematográfica con la que De Caravana lograba enganchar a un público más “amplio”. Las dos obras quedan unidas por la reflexión sobre el cine. Los resultados son igualmente nobles.

Tres D muestra tres jornadas del ascendente Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín a través de la mirada de Matías y Mica, jóvenes técnicos con ganas de hacer carrera en el mundo del cine. El primero ha sido contratado para filmar el making off del evento; recorrerá salas, entrevistará a realizadores y críticos, y luego entregará el resultado de ese recorrido. Mica, su amiga, lo ayuda en este trabajo que, al mismo tiempo, los pone en contacto con agentes del medio. Matías está buscando la forma de concretar su proyecto cinematográfico y los contactos, se sabe, son bienvenidos.

¿Es Tres D una película “para cinéfilos”? Indudablemente, los múltiples y lúcidos testimonios de los realizadores, críticos y programadores, (podemos mencionar a Nicolás Prividera, Gustavo Fontán, Jorge García) serán mejor apreciados por el público interesado en el debate por las estéticas emergentes, el modo de concebir al cine, el vínculo que establece el cine actual con el del pasado, etc. Pero Ruiz hace que esos testimonios se hagan funcionales a las secuencias dialogadas, sin precipitar acciones ingeniosas o vueltas de tuerca forzadas. Al dúo protagónico se le suma una chica que está en problemas con su novio y el mismísimo José Celestino Campusano, director de Vil Romance (2008) y Fantasmas de la ruta (2013), quien aparece más allá del apartado documental para hablar de su cine y formar parte de los dos momentos más cómicos de la película.

Tres D propone, entonces, un arco dramático pequeño y lúdico. Se concentra en lo mínimo y arranca momentos en donde conviven las nuevas generaciones del medio (que va más allá de los críticos; pocas veces el cine nacional centró tanto su mirada sobre los técnicos), la ternura, y una, acaso, interrumpida historia de amor. Como en el cine de Eric Rohmer, la red de vínculos se enriquece desde lo que en apariencias es intrascendente; los diálogos pasatistas, la largas caminatas, las esperas. Tres D se pregunta qué es el cine, y a tono con sus propios y cercanos personajes, lo hace mientras se construye la vida misma.

8.0

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