Zombies huevones

Videoclub

La idea de buscar santuario en un videoclub en medio de una pandemia zombie es interesante. Ignorando sus vestigiales orígenes haitianos, el zombie moderno es un monstruo nacido y criado en el cine. El videoclub es el refugio perfecto, ya que almacena todo lo que usted necesita saber acerca del zombie y cómo sobrevivirle. De ahí Videoclub (2013), del chileno Pablo Illanes.

Videoclub
lunes 18 de noviembre de 2013
Se estarán preguntando, sobre todo ahora con el cierre de Blockbuster, de dónde saca uno un videoclub estos días. La respuesta es que la película transcurre en 1992, por ningún otro motivo aparente excepto el de proveer el contexto de un videoclub. El protagonista es Miguel (Pedro Campos), un cinéfilo de 18 años que trabaja en la tienda y se la pasa inventando películas de terror con su cámara. Tiene una única actriz, su hermana Tatiana, que se despechuga ante cámara con tal de atinarle a Hollywood. Otros personajes clave en su vida son su amigo drogón Mauro y Daniela, una aparición destinada a ser su interés romántico. Cuando la pandemia zombie estalla, los cuatro se refugian en el videoclub llamado Videoclub.La película se disfruta más si la imaginamos como el tipo de producción que el propio Miguel haría con su videocámara: de bajo presupuesto, efectos especiales pobres, llena de errores de continuidad, actuaciones mediocres, bloopers en plena cámara (como el imperturbable tráfico de un día de semana común que se desarrolla en el fondo de la escena mientras nuestros protagonistas huyen de una manada de extras pobremente maquillados) y un derroche de pasión cinéfila. No posee ni un solo susto y la comedia está tallada de la leña de las telenovelas que Pablo Illanes está acostumbrado a dirigir.Lo que ofrece es puro goce cinéfilo. Tomaría horas contar todos los afiches, todas las películas y todas las referencias al cine de género que se hacen durante el primer acto de la película. Luego asistimos a los pasos re contra sabidos: la carne con mal aspecto que todos han comido, el ominoso estornudo del infectado, la mordida que se infecta en secreto, el cura que habla del fin del mundo, el contingente de soldados con máscara de gas, la posibilidad de una cura, etc. Imaginen como si aparecieran zombies a los 40 minutos de Clerks (Clerks., 1994).A Videoclub le faltan muchas cosas y las compensa con ganas y energía. Lo que definitivamente nunca puede remar es la ausencia de un buen guión. Y es una lástima porque el primer acto está tan bien construido. Miguel recibe una buena caracterización: defiende sus videos explícitos de la censura de sus padres, se refugia en su nido y antro video-democrático, entra en un triángulo de amor y odio cuando su actriz y hermana le abandona por su amigo, apela a su saber cinéfilo para discernir la situación… y todo queda en la nada. Videoclub podría haber tratado la censura, la democracia, la integridad artística, el amor y la traición, todos temas inseminados en la historia, pero los abandona por completo para jamás volver a referirse a ninguno. No se resuelve su relación con sus padres, ni con su hermana, ni con su amigo. El videoclub y el año 1992 son puramente cosméticos. No hay tema central excepto el de “aaah, zombies en la vereda”.Habiendo tan pocas películas latinoamericanas con zombies en ellas, comparemos Videoclub con la cubana Juan de los Muertos (2011), en la que el descorazonado Juan aprende a amar a su país al defenderlo de una pandemia zombie (“disidentes políticos” según los medios cubanos). ¿Qué aprende Miguel de todo lo que le pasa? Ya sabe todo lo que tiene que saber acerca de zombies. O al menos eso cree. No atina un solo disparo a la cabeza en toda la película. ¿Este muchacho vio o no vio las once mil películas que dice haber visto?
7.0
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