Lucia Roitbarg
09/06/2013 19:55

Al momento de contar una historia Stéphane Brizé sabe muy bien cuales son aquellos recovecos que debe buscar para encontrar a sus personajes. En la mayoría de los casos esos escondites son sus debilidades, sus aristas más oscuras, sus miedos, sus dolores. Al parecer sus personajes se conectan desde allí para finalmente recuperar aunque sea un poco las fortalezas olvidadas. En la relación de una madre con cáncer y su hijo desempleado el director apuesta nuevamente a una historia cargada de sutilezas a través de una narración impecable.

Algunas horas de primavera

(2011)

Alain (Vincent Lindon) es un camionero de cuarenta y ocho años quien sale de la cárcel luego de permanecer allí 18 meses por intentar pasar mercadería ilegal fuera del país. Sin otro lugar donde ir, regresa a vivir con su madre, Yvette (Hélène Vincent), una mujer grande que padece cáncer terminal. La relación entre ellos no es fácil: ambos poseen orgullo y carácter fuerte e Yvette no puede terminar de aceptar lo que hizo su hijo. Sin embargo, todo se enrarece aún más cuando Alain se entera de la decisión de su madre de viajar a Suiza para elegir una muerte digna evitando un final de dolor y tristeza.

Aunque el tema de la eutanasia aparece como un giro dramático central, el director recorre la temática de un modo esquivo, logra transmitir las emociones de sus personajes en relación a eso y cómo viven su cotidianeidad. Por lo cual, un tema de gran peso dramático se integra a la totalidad casi naturalmente, sin énfasis innecesarios. Es esta, sin embargo, una característica muy propia de Brizé, el drama consigue un in crescendo pero apenas hace falta que se subrayen situaciones, todo se produce de un modo casi natural. Sí le importa al director manejar algunos momentos de emoción con el subrayado de la música, siempre instrumental, que es más un leit motiv para acompañar a sus solitarios personajes que un recurso de manipulación.

Como se dijo anteriormente, la película se construye a través de la mirada de sus personajes, y en general lo que transmiten es un mundo un poco solitario y angustiante. Se suma a esto el tema de la muerte, y por ello Algunas horas de primavera (Quelques heures de printemps, 2012) resulta un film bastante denso en cuanto a los sentimientos y emociones que conviven en ese hogar. Allí aparece quizás por eso un clima diferente y esperanzador en una pequeña historia de amor de Vincent con Clemence (Emmanuelle Seigner), aunque siempre su pasado le impida ser verdaderamente feliz.

El cine francés siempre permite acercarnos a un modo de contar diferente, es eso lo que también se disfruta en este film: conectar con emociones de una forma más sutil, y apreciar una historia con personajes que transitan diferentes niveles emocionales a partir de una de las relaciones más complejas y diversas del mundo: la de una madre y su hijo.

8.0

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