Benjamín Harguindey
14/04/2013 01:48

El planteo de El día trajo la oscuridad (2013) es de una simplicidad engañosa. Parece que va a tratar sobre las apagadas interacciones entre un local introvertido y un invasor extrovertido, y de cómo ambos se descubrirán uno en el otro. En vez de eso crea tensión al ir desarrollando, lenta y dentro de todo plausiblemente, un elemento supernatural que terminará por dar vuelta el aparente género de la película.

El día trajo la oscuridad

(2013)

Virginia (Mora Recalde) vive aislada en una enorme casa de piedra en el campo. Es hija del médico del pueblo, y no tiene otra ocupación que ser una criada en su propio hogar. A sus puertas llega su prima Anabel (Romina Paula), desmayada en brazos del taxista que la ha traído. Virginia acoge a la enferma, extrañada pero sin hacer preguntas. Ese mismo día ha tenido un sueño perturbador que recurrirá a lo largo del film y codifica a la historia con un ominoso suspenso.

El pequeño mundo de Virginia se ve sacudido tanto por la presencia de Anabel, la “rarita” de la familia, que tiene el hábito de adentrarse en los bosques de noche, como por los extraños sucesos marca película de terror (visiones apocalípticas, cadáveres de animales, susurros en la noche, un noticiario que informa casualmente sobre una epidemia de rabia) que su presencia parece desatar. La pequeña película de interiores se degenera lentamente en una de terror, pero el eje siempre se mantiene sobre la intimidad de Virginia y Anabel.

Mientras tanto, una oscura historia familiar se vislumbra lo justo y necesario con la oportuna mención de una vieja “amiga” de Virginia, y la lúgubre aparición de los padres de las primas. La actuación es mínima, pero el guión de Josefina Trotta se construye articuladamente manejando las varias tensiones de la película (sosteniendo la incomodidad y la atracción entre Virginia y Anabel, subiendo la apuesta al terror y elaborando una analogía insospechada entre ambos polos). Y la fotografía nocturna evoca una atmósfera sino tenebrosa, de frialdad y soledad.

Una vez que el espectador ha confirmado sus sospechas acerca del enigma de la película, y los personajes desaparecen en una resolución algo insatisfactoria (no termina de abarcar y cerrar todo lo que promete), la historia pierde algo de magia. Dice el Maestro del Suspense que hay que darle al público lo que quiere, pero no de la forma en que lo quiere. El día trajo la oscuridad hace un buen trabajo al respecto.

8.0

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