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Crítica de “La vida de Jagna”, película animada con la misma técnica que “Loving Vincent”

El largometraje "La vida de Jagna (The Peasants, 2023)", cuyo título original es “campesinos”, narra la tormentosa vida de la joven Jagna en una aldea rural ubicada al centro de Polonia en el S.XIX, es decir que estamos ante un relato de época.

viernes 07 de junio de 2024

La protagonista a pesar de ser una mujer con personalidad e ímpetu, debe subsumirse a las normas de esa comunidad patriarcal, donde las decisiones la toman los hombres y el poder está dado por la posesión de tierras. Jagna (Kamila Urzedowska) es una joven enamoradiza que vive su libido con libertad, sin embargo, esto es mal visto en esta villa rural donde circulan una serie de rumores y prejuicios respecto a ella. A pesar de ello, la muchacha preocupada por su viuda madre acepta -como si tuviese otra opción, prácticamente es obligada- a casarse con Maciej Boryna (Miroslaw Baka), un hombre mayor, el terrateniente más grande del lugar y, por ende, más rico quien deslumbrado por su belleza se obsesiona con ella.

El conflicto es doble, Jagna no sólo no lo ama, sino que además previamente tenía un apasionado romance con su hijo Antek (interpretado por Robert Gulaczyk, el mismo actor de Loving Vincent), quien a su vez está casado con otra mujer. En consecuencia, la tensión del triángulo sentimental crece conforme a los prejuicios y hostigamientos hacia ella. La narración representa cómo a partir del matrimonio de Jagna y Boryna, todo ese microcosmos es afectado, en una comunidad donde parece que no hay límites entre lo público y lo privado. Como dice el dicho popular “pueblo chico, infierno grande”.

El filme se encuentra estructuralmente dividido en cuatro partes que corresponden a las cuatro estaciones del año: otoño, invierno, primavera y verano. Esta segmentación no es intrínseca a la obra cinematográfica, sino que se debe a que ésta es una transposición de Chlopi, una novela escrita por el autor polaco Wladyslaw Reymont, que consta de cuatro partes, publicadas entre 1904 y 1909, y que posteriormente ganó el premio Nobel de literatura. La pieza literaria es célebre y es leída constantemente en las escuelas de Polonia, formando parte de su cultura popular. Al respecto resulta pertinente mencionar que hay algunas versiones audiovisuales previas como Chlopi (1922, Eugeniusz Modzelewski) y The Peasants (1973) de Jan Rybkowski, quien un año antes había realizado otra versión sobre el mismo texto en formato de serie televisiva.

Asimismo, el texto polaco posee algunas similitudes temáticas con La letra escarlata (The Scarlet Letter), novela de Nathaniel Hawthorne publicada en 1850, ambientada en una Nueva Inglaterra puritana en el siglo XVII, donde su protagonista es acusada de adulterio y estigmatizada por la multitud. Al igual que Jagna cuya reputación es juzgada constantemente y hasta llega a ser violada por varios hombres, y aun así es hostigada también por casi todas las mujeres, quienes ayudan a reafirmar ese orden patriarcal.

La vida de Jagna retrata de forma muy vívida la vida campesina en aquella época, el comportamiento y costumbres de esa aldea, el espíritu folk y la relación de los humanos con la naturaleza, acentuada por el cambio de estaciones que determinan el ritmo de vida en el campo y las celebraciones y rituales. En este drama que esboza profundos retratos individuales de los personajes que componen dicha comunidad rural, la sexualidad, la violencia y la desmesura estarán presentes. Si bien hay una fuerte crítica hacia la hipocresía de ese orden machista, la película no la realiza mediante una bajada de línea o adoctrinamiento. 

Dada la impresión de materialidad que ya se encontraban presentes en la novela, es fundamental analizar el enorme trabajo estético del largometraje escrito y dirigido por el matrimonio DK (Dorota Kobiela) Welchman y Hugh Welchman, quienes volvieron a trabajar con una técnica de animación similar a la que implementaron en su película anterior Loving Vincent (2017). La realización de La vida de Jagna tomó aproximadamente cinco años, en un inicio se rodó con los actores y luego más de cien pintores en estudios de Polonia, Lituania, Ucrania y Serbia pintaron óleos basándose en las tomas. Posteriormente, el equipo de animación completó el filme para brindarnos esta maravillosa experiencia visual, y audiovisual porque la composición musical de la película también es notable.

La técnica que utilizaron es cercana a la “rotoscópica” (cuyo nombre proviene del aparato rotoscopio inventado por el animador polaco-estadounidense Max Fleischer en 1915), con el fin de producir el efecto de pinceladas en movimiento y a su vez dar realismo a la acción. La película se inspiró en varias pinturas polacas del siglo XIX y principios del siglo XX, incluyendo referencias a artistas como Józef Chelmonski (con sus obras Bociany, Zurawie y Babie lato), Ferdynand Ruszczyc y Leon Wyczólkowski. Incluso se ha podido observar en una secuencia una clara relación intertextual con la famosa pintura francesa Las espigadoras (1857) de Jean- François Millet. La única objeción que se observa sobre la obra refiere a una cuestión meramente perceptiva y óptica, ya avanzado el relato produce algo de cansancio visual, algo curioso porque con Loving Vincent esto no había sido percibido, quizás se deba a su paleta de colores más saturados y brillantes.

En conclusión, una vez más los realizadores ofrecen una obra donde forma y contenido se corresponden y enaltecen mediante un hermoso trabajo estético que ofrece un gran deleite visual y una historia compleja y despiadada que funciona como el retrato de una época. Su resolución posee una poderosa metáfora a través de la lluvia como un “bautismo divino”, representando la purificación de la protagonista que con la resiliencia que la caracteriza vuelve a levantarse una vez más, para luchar contra los prejuicios y estigmas con que esa sociedad la ha marcado, para empezar de nuevo, al igual que las estaciones del año.

9.0
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