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Crítica de "Blue Jean", un retrato de la lucha LGBTIQ+ en la Inglaterra de Thatcher

La ópera prima de la directora británica Georgia Oakley, "Blue Jean" (20220), aborda con valentía y sensibilidad las dificultades que enfrentaban las personas gays en la Inglaterra de la era Thatcher. A través de la historia de Jean, una profesora de gimnasia interpretada por Rosy McEwen, la película nos sumerge en una época marcada por la homofobia institucionalizada y la persecución hacia la comunidad LGBTIQ+.

viernes 31 de mayo de 2024

Ambientada en el año 1988, Blue Jean sumerge a los espectadores en las consecuencias desoladoras de la Sección 28, una enmienda homófoba que comparaba a los homosexuales con pedófilos, generando un clima de odio y discriminación en la sociedad. Jean, la protagonista, lleva una existencia de doble faz: es una respetada profesora durante el día y una visitante clandestina de bares de ambiente gay en las noches, donde se reúne con su novia Viv y su círculo de amigas lesbianas. Mientras la homofobia permea los medios de comunicación y su entorno cercano, Jean vive con el constante temor de ser descubierta, consciente de que ello podría conllevar la pérdida de su empleo y la marginalización social.

A medida que la trama avanza, la película va tejiendo una red de situaciones con mayor fuerza y tensión, creando un crescendo emocional que se siente palpable en cada escena. La vida de Jean se complica aún más debido a la presencia de Lois, una alumna problemática que comparte los mismos espacios clandestinos que Jean frecuenta. Esto desencadena una espiral de paranoia e inquietud en la protagonista, poniendo en grave peligro su relación con Viv y su bienestar emocional.

La película logra capturar magistralmente la angustia interior de Jean y su constante temor de ser descubierta. El enfoque cinematográfico en el rostro de la actriz Rosy McEwen permite al público conectar con la emotividad del personaje, expresando con elegancia los matices de su viaje interior. Jean se convierte en un personaje genuino y realista, lo que facilita la empatía con su situación, incluso cuando toma decisiones cuestionables debido a la presión y el miedo.

Una de las mayores fortalezas de Blue Jean radica en su capacidad para presentar una historia de lucha y resistencia sin caer en el melodrama. La película evita convertirse en un mero relato de sufrimiento homosexual, mostrando también los momentos de sororidad, sexualidad, amor y alegría en la vida de Jean y sus amigas. Este enfoque equilibrado agrega un toque de optimismo a la narrativa, a pesar de los tiempos oscuros que retrata.

La narrativa adopta un ritmo contemplativo que invita al espectador a sumergirse gradualmente en la historia y en la compleja realidad de su protagonista. Esta elección resulta sumamente efectiva, ya que permite una conexión emocional más profunda con los personajes y sus circunstancias. En cada escena, se transmite la esencia de la lucha por la aceptación y la dignidad personal en medio de la opresión.

Blue Jean logra conmover y llegar al corazón del espectador al abordar temas universales de identidad, amor y libertad en un contexto histórico específico. La sinceridad de las actuaciones y la habilidad de Oakley como directora hacen que se destaque como un retrato auténtico y genuino de la lucha y la perseverancia del espíritu humano en su búsqueda de la verdad y la autenticidad.

8.0
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