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Crítica de “Siempre habrá un mañana”: la exitosa ópera prima de Paola Cortellesi

La actriz y guionista retrata con ingenio y audacia en su debut como directora, las facetas más duras del patriarcado, ambientando la historia en la Italia de la posguerra.

martes 28 de mayo de 2024

El de Cortellesi es un cine posmoderno, ese que retoma las bases constitutivas de un cine del pasado para establecer un relato contemporáneo, que habla de un acontecimiento histórico para hacer una reflexión en el presente. De este modo, tanto el neorrealismo italiano como la Commedia all'italiana (comedia italiana) de la década del sesenta, son las referencias constantes de este film que problematiza el rol de la mujer en la sociedad italiana.

Delia (Paola Cortellesi) es una ama de casa que pasa sus días entre la asistencia a su esposo Ivano (Valerio Mastandrea), hijos y suegro, y un trabajo de costurera y enfermera. Su rol social es relegado al servicio y bienestar ajeno, entre humillaciones y las golpizas de su marido. Pero la maltratada mujer encuentra una manera de sobrellevar sus penurias y proyectar un futuro esperanzador ante ese clima fatalista.

Siempre habrá un mañana (C'è ancora domani, 2023) traza un paralelo claro con las mujeres del neorrealismo, aquellas que empujaban a los hombres a la acción y que, a pesar de su rol doméstico, demostraban una fuerza inquebrantable. La protagonista, a pesar de su aparente pasividad, resuelve y soporta, luchando desde las sombras y encontrando maneras ingeniosas de hacer lo mejor para ella y su familia. Su relación con su hija Marcella (Romana Maggiora Vergano) es particularmente conmovedora, mostrando un espejo y reflejo de empoderamiento que busca evitar la repetición de la sumisión social.

La película no escatima en recursos formales, utilizando números musicales de manera para aligerar la tensión dramática, aunque estos momentos también sirven para intensificar el horror de la situación. Este uso del musical como un sueño de evasión ofrece un respiro momentáneo del drama, permitiendo al espectador sumergirse en un anhelo imposible que se materializa a través de la música y el baile. Este contraste entre la realidad dura y el sueño de empoderamiento femenino se convierte en una fábula de cenicienta moderna, donde la protagonista busca escapar de su rol de servidumbre doméstica.

Siempre habrá un mañana es una película que, a través de su estética neorrealista y su narrativa posmoderna, consigue capturar tanto la esencia de una época pasada como los desafíos contemporáneos. Con su humor irónico, escenas musicales y una reivindicación del rol de la mujer, la película ofrece una experiencia cinematográfica rica y compleja para reflejar la realidad y, al mismo tiempo, ofrecer una visión esperanzadora de un futuro mejor.

8.0
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