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Crítica de "Argylle: Agente secreto", identidad entre espionaje con Henry Cavill y Dua Lipa

Con un elenco estelar y plagada de adrenalina, Matthew Vaughn ("King’s Man: El origen") inicia una nueva saga de espías en donde no todo es lo que aparenta.

jueves 01 de febrero de 2024

“Frederick Forsyth y John le Carré sabían tanto del mundo del espionaje porque eran espías en su vida real. ¿Vos también sos espía?”, le pregunta un admirador a Elly Conway, la escritora real/ficticia de Argylle: Agente secreto (Argylle, 2024). En la película, Bryce Dallas Howard (Jurassic World: Dominio), quien encarna a la autora, responde dejando un manto de duda. Ese inicio de la historia será un bastión fundamental para aquello que acontecerá. Sin embargo, todo lo que corresponda a Argylle, tanto en la novela que sirvió de inspiración como en la película, está sucumbida por una ola de curiosos misterios.

Antes de adentrarnos en el largometraje, corresponde contextualizar sobre quién es Elly Conway, la escritora de esta saga que despertó el interés de Matthew Vaughn, logró que Universal y Apple TV la distribuyan y acaparó la atención de estrellas de la talla de Henry Cavill, Dua Lipa, Bryan Cranston o Samuel L. Jackson antes de que el libro se publicara. Vale aclarar que la identidad de la novelista es un misterio. Su biografía en la web indica que “nació y creció en el norte de Nueva York y que escribió su primera novela sobre el agente Argylle mientras hacía el turno noche como camarera en una cafetería”. En sus redes sociales no se conoce su apariencia y, si bien se han esbozado teorías sobre su verdadera identidad (hay una que la relaciona con la cantante Taylor Swift), al día de hoy no hay certezas. Este preámbulo que enmarca la historia con interrogantes es necesario para empezar a indagar en el producto cinematográfico.

¿Y si todas estas curiosidades e incertidumbres son funcionales a una enorme campaña de marketing y el verdadero autor de la saga literaria es en realidad el mismo responsable de la película? ¿Y si Elly Conway no existe y todo es ficción? Esa parábola de identidad forma parte de la mente de Matthew Vaughn y, por ende, de los cimientos de la cinta. Conway, el personaje, ve cómo las cosas que escribe sobre el mundo del espionaje se tornan reales. De pronto, junto a su gato, se ven envueltos en una red de misterio, corrupción y acción. El sello del director de Kick-Ass (2010) está más presente que nunca. Si sos un consumidor de su cine, todo te resultará familiar. Si no te gusta, será difícil que digieras su sintonía.

Argylle: Agente secreto tiene varios puntos altos y otros que, por obvios motivos, son muy bajos. Por un lado, en cuanto al reparto, hay un actor que hasta aquí no fue mencionado y que se roba la película. Sam Rockwell (¿Cuándo no?), ganador del Oscar por Tres anuncios por un crimen (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, 2017), está en estado de gracia y demuestra toda su comicidad. Además, el soundtrack utilizado es efectivo (incluye el tema musical “Now and Then” de Los Beatles), como así también los giros que el guion de Jason Fuchs presenta. 

Por otro lugar, al largometraje le juega en contra la pretenciosidad de Vaughn. El director quiere que todo se vea decoroso, que todo se muestre a su forma. Ese ahínco expone un cine que, por momentos, surfea la artificialidad y la manipulación. No es una película previsible. Al contrario. Todo se torna asombroso y abona al entretenimiento. Sin embargo, si queremos pensar mal, muchas de las decisiones del curso de la historia nos pueden resultar forzadas. Las vueltas en la narrativa no escasean, las escenas de acción a lo Vaughn cumplen y la diversión, sobre todo si aparece en pantalla Rockwell, está garantizada.

Si la identidad es el vehículo aleccionador a lo largo del largometraje (y del producto, teniendo en cuenta el contexto descripto), Vaughn debe ser el más interpelado. Con su anterior y emblemática saga de espías, iniciada en el 2014 por la aclamada Kingsman: El servicio secreto (Kingsman: The Secret Service, 2014), el realizador jugó con las falsas apariencias y la búsqueda de la identidad. Añadiéndole Argylle: Agente secreto, y si analizamos la profundidad, cuestiones como los orígenes, los miedos y el “¿Quién soy?” salen a la luz. Ahora bien, si indagamos en la carcasa, elementos como el estilo, la elegancia y la sofisticación son expuestos y esconden cualidades o deficiencias internas. 

Estos puntos podrían disparar nuevos interrogantes vinculados al director y, más aún, si nos dejamos llevar por la curiosa escena post créditos. ¿Será que Matthew Vaughn quiere camuflar algo entre tanto estilismo? ¿Estamos en presencia de un cineasta que exprime al máximo su fuerte, sus ideas, sin arriesgarse a ir por otros terrenos? ¿O acaso estamos hablando de un verdadero espía que esconde su identidad contando historias y ésta es su confesión? Solo el tiempo y las películas nos darán las respuestas.

7.0
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