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Crítica de "La Señora Harris va a París", siempre nos quedará Dior, con Lesley Manville

Dirigida por Anthony Fabian, esta película basada en la novela de Paul Gallico plantea el romance entre una mujer y un vestido de alta costura en la década del '50.

miércoles 02 de noviembre de 2022

La señora Ada Harris (interpretada cálidamente por Lesley Manville) vive en Londres, a la espera de alguna respuesta o señal de su marido, quien hace años partió a la guerra y ella jamás recibió noticia de él. Durante todos esos años su vida ha permanecido estática, ha sido fiel a su esposo y mantiene una rutina ordenada como empleada doméstica de distintos personajes de la ciudad. En 1957 recibe un telegrama que pone fin a su quietud y vida monótona, a partir de allí tras haberse enamorado a primera vista de un vestido Christian Dior de una de sus empleadoras, con el apoyo de sus amigos Archie (Jason Isaacs) y Violet (Ellen Thomas) decide ahorrar incansablemente para poder viajar a la Maison Dior con el fin de comprar uno de sus añorados diseños.

En La Señora Harris va a París (Mrs. Harris goes to Paris, 2022), atravesada por una Europa de posguerra, la cordial Ada decide emprender su aventura hacia la “ciudad luz” para cumplir su sueño de obtener su propio vestido de alta costura Christian Dior. Al llegar allí, se encontrará con personajes diversos y pintorescos, algunos de ellos la ayudarán y otros serán oponentes, como Claudine (Isabelle Huppert) directora de la Maison Dior, su contador André (Lucas Bravo), el seductor Marqués de Chassagne (Lambert Wilson) y una joven modelo Natasha (Alba Baptista). La Francia que representa la película oscila entre la idealización y, contrariamente, su desmitificación. Por un lado, se esboza la tradicional visión romántica de París donde los sueños se cumplen, y, por otro lado, es una ciudad cubierta en basura, con huelgas y una aristocracia hipócrita, con una clase gobernante corrupta. En consecuencia, el largometraje muestra empatía por la gente humilde ya sea unos borrachos que habitan la estación de tren o cualquiera perteneciente a la clase trabajadora, porque “en Francia el trabajador es rey”.

Un aspecto interesante para pensar a La Señora Harris va a París es que sustituye el enamoramiento de la protagonista por un hombre, por la adoración hacia un vestido. Es decir, que, en cierta medida, esta comedia dramática reescribe el tradicional género de la comedia romántica, lo cual no es casual si tenemos en cuenta que dicho género, parece escasear en el actual contexto de producción. Distanciándose de los cuentos de hadas como La Cenicienta o sus versiones posmodernas como Mujer Bonita (Pretty Woman, 1990), el momento del “flechazo”, aquí lo ocupa la obnubilación frente al atuendo Dior. El verdadero romance se da entre Ada, una mujer y un vestido de alta costura. Al parecer, cuando los hombres se ausentan o decepcionan, a las mujeres “siempre les quedará la moda”. Uno de los atractivos del filme, reside en mostrar la cantidad de personas que se requieren y el gran trabajo artesanal que posee un vestido de alta costura de la categoría de Dior. 

En cierto modo, desde la narrativa la película le rinde un pequeño homenaje al diseñador. No es casual que la obra esté ambientada en 1957, el mismo año en que él falleció realmente. Un dato de color es que Dior fue nominado al Oscar a Mejor diseño de vestuario por Estación Termini (1953). Asimismo, reflexiona sobre los avatares de la guerra y recuerda que Dior con su silueta “New Look” representó la elegancia del contorno femenino y supuso la recuperación del lujo y exceso después de la depresión de la Segunda Guerra Mundial. De igual modo, brevemente esboza la transición de la “mujer moderna” acompañada por el cambio en el modo de producción en la moda, mediante objetos más accesibles, como por ejemplo los perfumes. 

Pues aquella pasión que siente Ada al ver aquellos magníficos vestidos se transforma en su pulsión de vida. La protagonista, tal como dijo el mismísimo Dior, representa a “las mujeres (que) con su instinto seguro, se dieron cuenta de que mi intención era hacerlas no solo más bellas sino también más felices.” En conclusión, con un positivo mensaje, este agradable y entretenido relato, premia la bondad y generosidad de la protagonista que logra cumplir su sueño, y no es acaso “la moda la mejor herramienta para ayudarnos a soñar”, según afirma Giorgio Armani. 

7.0
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