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Crítica de “10 Palomas”, el retorno triunfante de Tamae Garateguy al género policial

La experimentada realizadora vuelve al género en un film casi salido de un cómic de Frank Miller.

jueves 16 de diciembre de 2021

El policial oscuro le permitió a la directora de Mujer Lobo transitar intensamente la Ciudad de Buenos Aires, escenario que revisita con pericia nuevamente a partir de una historia enigmática y apasionante.

Una mujer y un niño miran hacia cámara, dialogan con alguien que el fuera de campo no permite observar. Manifiestan estar cansados, hartos de los abusos a los que constantemente, aquel que no vemos, los expone. Un disparo, sangre, alguien muere y alguien vuelve a nacer. Así, con esa potente escena inicial, comienza 10 Palomas (2021), policial negro, oscurísimo, con el que Tamae Garateguy (Las Furias) arremete en su nueva aventura cinematográfica.

En ella seguiremos a Félix (Guillermo Pfening), un investigador que deberá lidiar con uno de los casos más resonantes de la crónica sensacionalista y sangrienta, palomas se alimentan de hombres asesinados y desmembrados, los que, en algún punto, tuvieron contacto con abusos sexuales, ya sea por ser los victimarios o por dejar en libertad a aquellos que los cometieron.

Pero hay algo que amenaza constantemente al protagonista, y no es nada más ni nada menos que el pasado, que vuelve en forma de fantasmas y que le imposibilita pensar con claridad y llevar adelante el plan que junto a su compañero (Alberto Ajaka) y su jefa (Nancy Dupláa) han urdido para dar con el paradero del asesino o asesina.

Garateguy despliega su amor por el cine, pero también por los personajes y por la ciudad de Buenos Aires, recuperando espacios transitados diariamente para inmortalizarlos en la pantalla con un tamiz que potencia la elección de teñir los lugares con una plasticidad única.

Arriba de su moto Félix recorre los intersticios de la ciudad, con sapiencia, pero también con premura, porque al doblar en alguna esquina esa misteriosa mujer que lo acecha puede volver a acercarse de una manera íntima y peligrosa, perdiéndolo para siempre.

Mientras transita el policial 10 Palomas juega con invertir roles, los hombres acatan órdenes y las mujeres las imparten, toman riesgos, y, en el fondo, son las que realmente saben hacia dónde va la investigación y los próximos pasos del asesino.

La directora se anima a jugar con estereotipos y les propone a los actores a introducirse en ellos, dibujando nuevos espacios que corren del lugar en el que estamos acostumbrados a verlos, favoreciendo, así, la identificación por extrañamiento con ellos.

Son pocos los realizadores que se animan a recorrer el arriesgado y preciso, técnica y visualmente hablando, espacio del policial, y aún son menos los que se permiten, desde él, revisitar un género tan popular como difícil, pero Garateguy lo hace con solidez y virtuosismo, y sale una vez más triunfante y victoriosa, generando desde la primera escena la intriga para que el relato avance hasta la última escena, y posibilitando, además de entretenimiento, una fábula urbana, siniestra y dolorosa, sobre las miserias humanas y la manera más efectiva de hacer aquello del ojo por ojo una metáfora sobre la oscura connivencia del poder político, jurídico y policial.

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