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Crítica de “Dios mío ¿y ahora qué hemos hecho?”, o cuando la discriminación empaña todo

Philippe de Chauveron analiza la actual configuración étnica en Francia valiéndose de la comedia más clásica en esta secuela de "Dios mío ¿qué hemos hecho?".

jueves 04 de noviembre de 2021

Dios mío, ¿y ahora qué hemos hecho? (Qu'est-ce qu'on a encore fait au bon Dieu?, 2019) construye una narración que desnuda como los movimientos migratorios que han impulsado un multiculturalismo ineludible, molestan a los más recalcitrantes miembros de la clase acomodada, quienes se presentan “deconstruidos” pero no hacen otra cosa que señalar con el dedo cuando un inmigrante reclama igualdad de derechos y oportunidades.

Frases como “si a vos en el exterior te surge un problema de salud, vas al hospital y te cobran absolutamente todo”, o cuando se leen noticias en las que se avala el rechazo a los estudiantes foráneo en las universidades públicas, demuestran el tipo de expresiones y pensamientos de un personaje con el que nunca vamos a empatizar.

Así, Chauveron desarrolla un entretenido guion, en donde enviste al patriarca familiar de una necesidad irrefrenable de odiar al otro, al diferente, a aquel a quien no responde con los parámetros y mandatos, que fue educado para señalar con el dedo y seguir hacía adelante sin siquiera medir las consecuencias de sus dichos y acciones. Este personaje, un “tipo común”, refleja lo peor de la sociedad.

Claude y Marie, matrimonio de larga data, se sumerge en ese estereotipo cuando sus cuatro hijas mujeres les revelan sus intenciones de ir a vivir al extranjero junto a sus maridos foráneos. Allí donde algún director desprevenido y con poco oficio podría haberse quedado sólo en la superficie, se arma un potente relato que se nutre del humor para hablar de verdades que ya pertenecen al ADN de las sociedades globalizadas.

Enmarcada en el vodevil, donde la confusión es el pulso de cada una de las escenas, Díos mío, ¿y ahora qué hemos hecho? propone un juego de amor odio con Claude, en una de las comedias más divertidas del reciente cine francés y en donde una pata de jamón ibérico, o la sospecha sobre de qué color será el próximo hijo de una pareja que combina etnia, son solo dos de los hitos de una película verosímil y entretenida al mismo tiempo.

6.0
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