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Crítica de “Infidelidad mortal”, un thriller erótico con pésimos actores

Una película con una sola locación y dos únicos personajes necesita que, al menos, sus actores sean buenos, cosa que no sucede en este film de Victor García.

martes 21 de septiembre de 2021

La doctora Holly Pierpont (Claire Forlani) se encuentra con su amante Everett (Jake Abel), uno de sus estudiantes de medicina, en una lujosa suite de Aspen. Pero lo que iba a ser un lujurioso encuentro se transforma en una pesadilla cuando se entera su marido Russell (Titus Welliver), los encierra en la habitación y los obliga a que se torturen mutuamente.

Elliott San escribe un guion que resuelve muchas cuestiones de presupuesto a los productores pero que no aporta nada nuevo a los relatos de traición y castigo. La historia de Infidelidad mortal (An Affaire to Die For, 2019) no es del todo mala, pero sufre los problemas de este tipo de estructura narrativa: funciona bien hasta el primer punto de giro y después empieza a desinflarse cuando la credibilidad de lo expuesto se tensa cada vez mas y las explicaciones -para que no salgan de la habitación- terminan siendo ridículas.

Todo esto se disimularía un poco si la dirección articulase tensión sexual con morbo como pedía el argumento, algo que no pasa. Está tan mal filmada que no genera ni una cosa ni la otra. Y para colmo de males los actores son espantosos. Si tenemos una puesta teatral, es importante que las únicas dos caras que veremos durante hora y media trasmitan algo (el marido aparece esporádicamente, la mayor parte del tiempo solo lo escuchamos por teléfono). Claire Forlani tiene tanto botox en la cara que no puede gesticular y Jake Abel figura en la web como modelo, ni siquiera Google lo considera actor…

Así las cosas, en estos casos no hay que dejar de mencionar a los productores Miguel Angel Faura e Isaac Torras, quienes son los verdaderos responsables del bochorno que, pretendiendo ahorrarse unos mangos, reducen las posibilidades artísticas al mínimo.

El mensaje moral pro familia es el mismo de cualquier historia de infidelidad desde Atracción fatal (Fatal Attraction, Adrián Lyne, 1987) a la fecha: “El pecado trae consecuencias" y en estos films siempre son sangrientas.

2.0
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