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Crítica de “El Conjuro 3: El diablo me obligó a hacerlo”, la tercera de los Warren

Una nueva entrega de la saga que tiene un tratamiento potente sobre la psicología de sus personajes, algo que hasta ahora nunca se había logrado.

martes 08 de junio de 2021

James Wan deja su lugar tras las cámaras a Michael Chaves y oficia de productor para avanzar en el universo de Los Warren, Lorraine y Ed, interpretados una vez más por Vera Farmiga y Patrick Wilson.

El Conjuro 3: El diablo me obligó a hacerlo (The Conjuring: The Devil Made Me Do It, 2021) comienza con una impactante escena de exorcismo. Son más de 10 trepidantes minutos en donde todo aquello que uno espera de una película de estas características, se cumple. Un niño es liberado de la tortura de estar poseído por el diablo, remitiendo, claro, al clásico de este tipo de films El Exorcista (The Exorcist, 1973). 

Pero luego, hábilmente, el guion comienza a desandar otros caminos, y sin caer en “casas embrujadas” por ejemplo, reculando hacia el género policial y el drama, confirmando el recorrido de la saga ofreciendo momentos terroríficos para el espectador.

El diablo, o el espíritu que en esta oportunidad acecha a los protagonistas, encarnará en un joven (Ruairi O’Connor), quien cometerá un acto delictivo aludiendo al impulso del más allá que lo llevó a cometer un crimen. Pero esa información es certera, y los investigadores paranormales preferidos por todos, asumirán el rol de acompañarlo para, de alguna manera, demostrar su inocencia.

Inspiarada en uno de los más siniestros casos de la pareja, Los Warren asistirán, de alguna manera, a este joven perdido entre la oscuridad y sus deseos, pero, sin saberlo, al hacerlo, se introducirán, también, en un inesperado derrotero en donde Lorraine asumirá un rol central, debido al debilitamiento de Ed ante las fuerzas del mal.

El Conjuro 3: El diablo me obligó a hacerlo logra cambiar de tono sin caer en lugares comunes, y sale ileso de esa transformación, principalmente, por las logradas actuaciones de la dupla Farmiga/Wilson, quienes, completamente identificados con sus papeles, vuelven a visitarlos con una química y una entrega única. Cada escena en la que están presentes y en la que interactúan, la verdad de sus actuaciones, se potencia.

Esto se suma a que la narración genera la intriga y el suspenso necesario para avanzar con un guion que prefiere profundizar en el interior de los caracteres que apelar a la grandilocuencia del exterior, el que, seguramente hubiese respetado el interés de los espectadores por lo recurrente de las anteriores entregas, pero que en el correrse de la zona de confort, y, principalmente, empoderar a la protagonista femenina, se crean nuevos aspectos de interés para desarrollar un relato clásico que con algunas secuencias espeluznantes, cumple con sus premisas y entretiene.

7.0
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