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Crítica de "El largo viaje de Alejandro Bordón", una docuficción de Marcelo Goyeneche con Diego Cremonesi

Docuficción que relata el periplo de Alejandro Bordón, un trabajador de 43 años acusado de un asesinato que no cometió, para probar su inocencia y recuperar la libertad.

martes 25 de mayo de 2021

En la madrugada del 5 de octubre de 2010 en Monte Chingolo, Lanús, mientras viajaba en un colectivo para ir a su trabajo en Aeroparque, Alejandro Bordón es golpeado y arrestado por un policía de civil que lo acusa de ser el autor material del asesinato de Juan Alberto Núñez, un chófer de la línea 524 muerto de un balazo en la cabeza minutos antes. Lo que mediáticamente fue catalogado como un caso más de inseguridad de los muchos que afectaban a la zona se desarticuló rápidamente y pasó a ser un crimen pasional. No había robo y según las fuerzas policiales bonaerenses el fallecido tenía todas sus pertenencias, incluso dinero y el celular. De esta forma se evitaba un paro de la UTA y la policía se desligaba de responsabilidades ante una seguidilla de crímenes contra choferes en el conurbano.

Un año y ocho meses más tarde Bordón fue absuelto de culpa y cargo al dictaminarse que fue víctima de una "causa armada" por portar un buzo del mismo color que el asesino. Se alteraron una serie de pruebas y se falsificaron testimonios para culparlo. Bordón estuvo dos meses preso en una comisaría, nueve en el penal de Sierra Chica y el resto en la Unidad de Tránsito de La Plata y la de Lomas de Zamora. Lo absolvieron el 4 de junio de 2012 por unanimidad en un juicio oral.

Marcelo Goyeneche, que a lo largo de su obra buscó abordar el género documental desde una estética disruptiva y escapándole a ciertos lugares comunes para asumir riesgos estéticos y narrativos, más allá de los resultados finales, combina la ficción con el documental para, como deja en claro desde un comienzo, realizar una representación de los hechos que determinaron el arresto de Alejandro Bordón y su posterior lucha para probar que no solo su inocencia sino que era víctima de la corrupción policial.

En El largo viaje de Alejandro Bordón (2021) recurre a una puesta ficcional que apela al artificio como eje de cruce entre el cine (The Lodger, de Alfred Hitchcock, 1927; Juan sin ropa, de Georges Benoît, 1919, y hasta una participación de José Celestino Campusano), la literatura (Erich Auerbach, Antonio Gramsci, Ernest Mandel, Dante Alighieri) y la pintura (Gustave Doré) para contar hechos reales a través de una reinterpretación de la Divina comedia.

Virgilio (Jorge Prado), que en la Divina comedia aparece como el guía conductor entre el Infierno y el Purgatorio, cumple la misma función en esta historia que utiliza las pinturas del artista alsaciano francés Gustave Doré como parte de la construcción escenográfica para graficar el calvario que atraviesa Bordón, interpretado en la ficción por un siempre convincente Diego Cremonesi, en una actuación que deja en claro que su personaje es parte de una representación y no de la realidad.

La teatralidad de las escenas, a lo Dogville (Lars von Trier, 2003), se funde sin fisuras en el dispositivo documental, compuesto por los testimonios del propio Bordón, su pareja Susana Noemi Bravo y el abogado que tomó el caso Eduardo "Negro" Soares, que se articula al relato ficcional y le otorga verosimilitud a la representación. Lo testimonial se complementa con la ficción y ésta con los textos de Alighieri (entre otros) y las pinturas de Doré sin que nada parezca forzado.

Ficción y documental se retroalimentan y convierten a El largo viaje de Alejandro Bordón en un híbrido, arriesgado y complejo, que demuestra como lo real también se puede contar desde otro lugar, si traicionar la esencia y con una potencia demoledora.

7.0
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