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Crítica de "Parakultural: 1986-1990", un viaje a la movida under de los 80

Natalia Villegas y Rucu Zárate indagan en el famoso centro cultural que marcó los finales de los años 80 y del que salieron figuras como Batato Barea y Alejandro Urdapilleta.

lunes 29 de marzo de 2021

El Parakultural fue un centro cultural fundado por Omar Viola y Horacio Gabin en 1986, durante la llamada primavera alfonsinista. De sus huestes salieron figuras como los recordados Batato Barea y Alejandro Urdapilleta pasando por Verónica Llinás, Humberto Tortonese, Alejandra Flechner, Carlos Belloso, Damián Dreizik, Luis Aranosky y María José Gabin, entre otros. Entre 1986 y 1990, sus años dorados, el mítico reducto porteño funcionó en Venezuela 336, y ese es el recorte temporal que realizan los directores Natalia Villegas y Rucu Zárate para narrar la historia de un símbolo de la movida cultural under en la post-dictadura.

Parakultural: 1986-1990 (2021) es un rockumental por más que lo musical no sea el eje central que lo mueve sino aquello que lo atraviesa en su forma. El rockumental es un subgénero dentro del documental que se utiliza para denominar a aquellos films ligados a temáticas relacionadas con lo musical. Su espectro es amplio y puede abarcar desde making off de álbumes, diarios de gira, twitcams, ensayos, biografías… El consumo musical a través de diversos formatos audiovisuales en la red disparó el número de producciones que podrían tener cabida dentro de esta etiqueta que se caracteriza por tener estrategias narrativas propias y la construcción de discursos identitarios vinculado a un género musical tan cargado de connotaciones como lo es el rock and roll. Ahora porqué si Parakultural es un documental que si bien trabaja sobre otros aspectos más ligados a diferentes disciplinas artísticas lo catalogamos como un rockumental. Porque en su concesión formal, estética y narrativa sigue todos los parámetros que caracterizan este subgénero. En Parakultural: 1986-1990 el rock está presente de manera implícita (algunas veces explícita) y lo sobrevuela en todas sus dimensiones.

El binomio de directores construye la historia en base a las voces de quienes fueron testigos participes de esa movida cultural. Pero no en un tono melancólico sino todo lo contrario. Los testimonios de casi todos aquellos que lo integraron (falta Tortonese por ejemplo) sirven para crear una cartografía audiovisual de lo que fue aquel reducto que, por las condiciones edilicias en que se encontraba, hoy no podría existir. Las imágenes de archivo no están ausentes, muchas de ellas inéditas o casi no vistas, potencian la narración, construida en base a recuerdos. Además, recupera algunas puestas de antaño como sketchs de Las gambas al ajillo, Los Melli o del trío Barea-Urdapilleta-Tortonese. Más allá de algunas concesiones estéticas disruptivas, el formato es de corte clásico y la narración mantiene cierta linealidad.

En Parakultural: 1986-1990 también sobrevuela la coyuntura política y social de la época. Los albores de la democracia, pero donde la libertad era a medias. Un periodo al que no solo se lo recuerda por la libertad creativa sino también por las miles de redadas policiales de las que era víctima el circuito cultural under.

Así como Cemento (2017), Stud Free Pub (2019) y ahora el Parakultural (2021) tienen sus películas, ahora nos resta esperar, que de acuerdo a las fechas en que fueron apareciendo, que en 2023 llegue la de Café Eistein. Y así el cine termine de reconstruir una de las movidas culturales más importantes del ¿mundo?

7.0
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