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Crítica de "Las furias" de Tamae Garateguy, sed de venganza

Antes de convertirse en largometraje "Las furias" fue un corto que en 2015 se presentó en varios festivales, entre ellos BAFICI.

Crítica de "Las furias" de Tamae Garateguy, sed de venganza
martes 05 de mayo de 2020

Con el mismo elenco protagónico (Guadalupe Docampo y Nicolás Goldschmidt, también responsables de la idea), la historia del reencuentro  entre dos jóvenes, que buscan ponerle fin a un destino trágico del que no pueden escapar, regresa  pero con un mayor desarrollo narrativo, personajes mucho más complejos y una puesta en escena jugada y visualmente atractiva.

Leónidas desciende de la tribu Huarpe, un pueblo indígena de Cuyo en Argentina. Lourdes es la hija de un terrateniente autoritario y abusivo que busca quedarse con las tierras de la comunidad. Ambos se enamoran, se casan y se ilusionan con un futuro de felicidad. Pero esa unión, no aprobada por quienes los rodean, condena a la pareja hacia un trágico destino dominado por una furia incontenible que solo busca venganza.

Partiendo de la idea universal del amor trágico shakesperiano abordado en Romeo y Julieta, donde la historia de amor entre dos jóvenes desemboca en tragedia por las diferencias familiares, Tamae Garateguy (Pompeya, Mujer Lobo), una cineasta desprejuiciada que se corre de las correcciones políticas y los cánones cinematográficos de moda, pone en escena un guion de Diego A. Fleischer, para abordar tópicos de la coyuntura actual relacionados con la violencia de género, el abuso o la situación de los pueblos originarios frente a las tierras que les pertenecen.

Lo hace a través de un western moderno, en donde el empoderamiento femenino se apropia de una historia que no da respiro gracias a sus constantes giros narrativos realistas, pero donde las tradiciones y leyendas no están ausentes, y una puesta que no evita contener la violencia que emerge de sus personajes pero sin recurrir a efectismos demagógicos y regodeos.

Las furias (2020) es una película tan violenta como bella, filmada en locaciones de la provincia de Mendoza en lugares como la reserva natural La Payunia o el desierto de Lavalle, que no solo aprovecha los espacios naturales del lugar sino que los tiñe de una estética hiperrealista de colores sobresaturados y contrastes, encuadres que buscan captar las emociones y estados de los personajes y una banda sonora de Sami Buccella que intensifica el dramatismo y el suspense.

7.0
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