José Campusano
Biografía
Es imposible hablar del cine de Campusano sin citar características, particularidades y detalles, que hacen de su realizador un tipo inconfundible, tanto en la vida como en el cine. Hijo del lado Sur, habitante del conurbano profundo y con un pasado motociclista del que
no reniega, José se ha dedicado a filmar la porción de mundo de la que se siente parte. Son esos códigos que aprendió en la calle, aceptó y revalidó en la vida, los que lo conducen a un cine particularmente antropológico.
Estudió cinematografía en el Instituto de Cine de Avellaneda, participando activamente en videos y filmes independientes durante la década del 80 y parte de los 90. Y en 1995 publicó un libro de cuentos de su autoría, “Mitología marginal argentina”, un correlato literario de su
filmografía, editado por El Gusano Vencedor, en Córdoba. Esa “antropología de los suburbios”, como él mismo define su trabajo cinematográfico, se desarrolló a través de producciones completamente independientes. Y la carencia de contribuciones que en la mayoría de los casos conduce al fracaso inexorable, en Campusano generó el efecto contrario. Allí debió “afinar la puntería” y encontrar otras herramientas para plasmar su poesía.
En esa búsqueda logró conformar un equipo de trabajo noble, serio y dedicado, que integran su hermano Pedro, su primo Leonardo Padín (también camarógrafo de sus últimas realizaciones) y su tío Juan Padín, en lo que hoy es la productora independiente CINEBRUTO, que se sostiene con el aporte de los cuatro socios, junto al dinero que Campusano recauda cada mes en su negocio de aberturas ubicado en Berazategui.
Para este realizador el mecanismo del casting es una obscenidad, por eso prefiere afrontar todas las contingencias posibles, una vez establecida la fecha de inicio de rodaje, sin frenar nada, para que aparezca la gente adecuada que protagonice sus historias de amor, ardor y turbación.
A diferencia de la mayoría de realizadores argentinos, toda su cinematografía carece del trabajo de guionistas profesionales. Según su particular concepción estética, la presencia de un guionista desvirtuaría el producto. Las personas de sus películas hablan como hablan en la vida y el bagaje intelectual que podría aportar un profesional generaría un quiebre inexorable; por no pertenecer al segmento social que muestra Campusano en cada una de sus piezas. Ese universo, en sí, tiene un potencial inabarcable y apabullante. Enfrentarse con la verdadera demencia o el verdadero amor, a partir del límite de un guión preestablecido, sería una forma de ultraje.
Una actitud de vida, una postura ideológica y haber andado por rincones suburbanos de países como Chile, Perú, Brasil, Bolivia, Uruguay, España, Francia y Andorra; enriquecieron su mirada y dieron lugar a un cine cien por ciento pasional, con una especialísima fusión de
ficción y documento y con sello propio.

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