Sinopsis

A través del retrato de la pianista Margarita Fernández, Edgardo Cozarinsky vuelve sobre algunas de las constantes que recorren su obra fílmica y literaria: el diálogo entre el pasado y el presente, el arte como un pase del testigo (título que, justamente, lleva uno de sus libros) entre diferentes generaciones, y el rescate de una notable artista como Margarita Fernández, quien en su figura parece representar una historia no oficial del arte en la Argentina, aquella de las vanguardias que supieron revolucionar los años 70. Al escucharla hablar de Brahms, otro de los grandes protagonistas de la película, de su oficio y del exilio, o dialogando con sus discípulos, nos ocurre lo mismo que con el cine de Cozarinsky y que el escritor ruso Aleksey Suvorin, hablando de otras personas, supo describir con perfección: “en ellos sentimos la vida como debería ser”.

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