Sinopsis

Las preguntas más sencillas son las más incómodas y, por lo tanto, las difíciles de responder. Esto queda claro desde el comienzo en Como me da la gana, película sobre cineastas en la que Ignacio Agüero le toma el pulso al milagro modesto de un puñado de rodajes que se produjeron en Chile en 1984 y 1985, cuando el cine, como muchas otras cosas, parecía destinado a desaparecer. Pero lejos de ser celebratorio, el film de Agüero es tremendamente incómodo, a partir de esas preguntas que el director (siempre en cuadro) les formula a sus colegas: “¿Por qué estás haciendo esta película?”, “¿quién crees que va a ver esta película?”. No hay una sola respuesta a la altura de la complejidad de las preguntas; todos –sin excepción– se escapan por la tangente de las buenas intenciones, el mandato y la identidad. En la primera de las entrevistas, Agüero le pregunta a Luis Vera qué tienen que ver los personajes de su película (mendigos) con él mismo, y el silencio y los balbuceos que recibe como respuesta son sencillamente atronadores.

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