Sinopsis

Cozarinsky concentra el relato de Ronda nocturna en una única noche. Esa noche es el marco, en una Buenos Aires a la que parece retornar Víctor (un taxiboy que cumple oficios nocturnos diversos, que hace del tráfico, en un sentido amplio, una forma de supervivencia) después de una ausencia o un largo sueño, para encontrar una ciudad que se ha vuelto fantasmal, paupérrima, quizá peligrosa. El paso de la noche al amanecer –como en las historias de vampiros– revelará la duplicidad del mundo, la cara realista y la cara fantástica, sin que Cozarinsky deje ver la manera en que lo logra, sin que medien más efectos especiales que un tono que va variando de modo tenue, casi imperceptible. Como en varias de sus películas anteriores, en Ronda nocturna el director vuelve sobre una historia de personaje solitario que busca descubrir cuál es su destino, pero da un paso más y lo sumerge en esa telaraña de relaciones que terminan por definir una familia posible. Las criaturas de la noche también padecen la soledad.

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