Sinopsis

Después de dos planos iniciales que transcurren en un bar, se ven unos autos en una zona montañosa. Es el atardecer. Allí van policías, sospechosos, testigos, un procurador, un médico y dos excavadores. Están buscando un cadáver y deben reconocer previamente el lugar en donde fue enterrado. Sopla el viento, llueve, y después de una búsqueda infructuosa, al llegar a una aldea, la luz se cortará por la tormenta. Los relámpagos iluminan la oscuridad, y el médico y el procurador conversan sobre el caso de una mujer muerta, la pertinencia científica de las autopsias, la naturaleza de la mujer, y el suicidio como una forma de castigo a los otros. Ceylan trabaja en dos líneas: el suspenso de saber si se encontrará o no el cadáver, y una suerte de meditación sobre la soledad de los hombres y sus deseos incumplidos. En algún momento, un policía le dice al médico: “Si no tuviera familia y fuera más joven, tomaría mi mochila y me iría de viaje”. La formulación de ese deseo casi adolescente reverberará sobre las acciones que siguen.

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