Venecia 2010: Abuchean a Julian Schnabel y decepciona la adaptación cinematográfica de "Tokio Blues"
Desde Venecia - E. E., EscribiendoCine - Noticine - Jue, 02/09/2010 - 14:56
El Festival de Venecia ha continuado, tras la excelente recepción de Black Swan, con un par de notables decepciones, ambas adaptaciones de novelas, especialmente la esperada Miral, del pintor-cineasta Julian Schnabel, pero también con Norwegian Wood (adaptación de Tokio Blues), del vietnamita-francés Tran Anh Hung, ambas abucheadas por el público presente en la muestra.
Schnabel, conocido por sus films de alta vocación artística y discutible resultado, como Basquiat, Antes que anochezca o La escafandra y la mariposa, se vio -dice- obligado a contar una historia palestina "desde el otro lado". Eligió una novela más o menos autobiográfica de la periodista palestina Rula Jebreal (quien ha participado en el guión), para repasar a través de las historias de cuatro mujeres el destino del pueblo palestino desde la creación del estado de Israel, con un orfanato como elemento común.
El personaje central, Miral (espléndida y bellísima Freida Pinto) es una niña que sobrevivó a la masacre de Deir Yassin y es acogida en un orfanato de Jerusalem Este. Seguimos su vida hasta los acuerdos de paz de 1993 en Oslo, contada con voluntarismo pero sin dejar de ceder a lo maniqueo y a las altas aspiraciones creativas que mueven a su director. Lástima que la emoción y la tensión dramática queden de lado, hasta el punto de que dada la gravedad e interés sobre el papel del tema, su patinazo ha sido recibido con abucheos en el Lido.
Julian Schnabel ha dicho que era "fundamental" para él como judío norteamericano contar esta historia con la esperanza de que la reciban "los musulmanes, los judíos, Israel y todo el mundo. Hat que comprender a los palestinos. La película es un testimonio de sus miedos y deseos, que no son muy diferentes de los nuestros".
El "best seller" nipón Tokio Blues ha sido adaptado por el sensible Tran Anh Hung (El aroma de la papaya verde) sin que las dos horas de su película le hayan permitido trasladar a imégenes una novela existencialista con múltiples seguidores no sólo en Japón, sino en todo el mundo. Esta cuenta la historia de un estudiante japonés, Toru Watanabe, en la segunda mitad de los años 60 que ha perdido de forma trágica a su mejor amigo, un trauma que comparte su novia. El cineasta vietnamita afincado en Francia ha decepcionado en la captura del espíritu de un libro que plantea lo efímero de la existencia y la íntima relación de ésta con la muerte y las diversas pérdidas que la pueblan.
El tercer film de la jornada, la producción local La pecora nera, de y con Ascanio Celestini, nos brindó lo mejor de la jornada. Se trata de la historia de Nicola (interpretado por el propio Celestini), un hombre condenado desde la infancia -por tradición familiar- a la locura, que pasa 35 años en un psiquiátrico, como antes le sucedió a su madre. Huyendo del fácil melodrama, el film retrata la contradicción entre el concepto de libertad y la relativa paz de la que los internos disfrutan tras los muros.

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