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Peter Greenaway visitó Buenos Aires y dialogó con el público

Con motivo del estreno de una de sus últimas películas, Rembrandt's J'Accuse, el realizador galés Peter Greenaway dio un charla abierta al público el martes 31 de agosto a las 19.00 en el British Arts Centre. El pintor holandés Rembrandt Harmenszoon van Rijn ha sido una gran influencia en la obra de Greenaway, que se inició como pintor y, en sus propias palabras, se volcó al cine para “musicalizar pinturas”. Su documental sobre Rembrandt es una suerte de secuela a su largometraje de ficción Mirando de noche (Nightwatching, 20079, que también lidiaba con el pintor holandés.

“Preferiría lidiar con la ficción,” admitió Greenaway. “El documental cuenta más mentiras que la ficción”. Greenaway se inició en los ‘60s con breves documentales experimentales pero la fama la alcanzó con su cine de ficción, con películas de culto como El vientre del arquitecto (1987), El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989), La tempestad (1991) y Escrito en el cuerpo (1997).

La llegada del video y más tarde el soporte digital le labró un nuevo nicho cinematográfico – el título de “video-artista”, volcado a lo que polémica y popularmente se cataloga de “cine experimental”. El masterclass del martes fue más una degustación de sus viejas teorías (“El cine está muerto”, el one-liner favorito de Greenaway) y nuevas técnicas artísticas, y menos una ronda de prensa acerca de su más reciente documental.

El cine está acabado,” contesta Greenaway a las preguntas de Jorge La Ferla, docente, productor realizador de video arte local y entrevistador designado. “El cine está muerto. Es el fin del cine estético (…) basado en la mitología cristiana de los buenos que son muy buenos y los malos que son muy malos. La revolución digital nos permite comenzar de nuevo”.

Luego de tres preguntas que Greenaway contesta en demasía, haciendo uso del humor y revirtiendo a aforismos como “La Edad del Cine no es lo mismo que la Edad de la Pantalla” y “Sólo porque uno tiene ojos no significa que puede ver”, habla de sus proyectos internacionales y ambiciones como artista.

El cambio del siglo y la llegada del digital le han llevado a la metier particular de proyectar cortometrajes en vivo sobre obras de arte tales como el Arco del Triunfo en París o La Última Cena en Milán, performances en tiempo real que buscan realzar lo “arquitectónico” del cine. Greenaway hace gala de un regreso a lo primigenio, a la matriz circense del cine, y recorre el mundo con su troupe de alta tecnología, configurando nuevas imágenes y sensaciones sobre otras más viejas. “El año que viene tacleareamos Las Meninas,” anuncia Greenaway desde su asiento, mostrando en pantalla el cuadro de Velásquez. También codicia el Guernica de Picasso y ha sido invitado por el Vaticano a proyectar sobre la Capilla Sixtina.

El grueso de la velada transcurre a oscuras. Nos muestra su más reciente obra, sin dejar de resaltar que verla en una pantalla de cine es una experiencia “de segunda mano”. Proyecta Triennale, La última cena y fragmentos de M es por Mozart y Escribiendo en el agua. La impactante proyección de Warsaw acarrea el mayor número de desertores de la sala. Luego hace gala de “su más reciente invención”: planos de actores caracterizados de época que ha filmado y cuya proyección circa las 24 horas sobre las paredes de los cuartos del palacio Venaria Reale en Italia. El objetivo es recrear la vida en el palacio, proyectándola “en loop”, a modo de tour.

Greenaway se considera un VJ (video-jockey – la contrapartida gráfica de un disk-jockey). Muestra orgullosamente su galería de clips e imágenes, con las que conjura una obra de arte totalmente nueva durante cada proyección. Posee más de 2000 clips de video y proyecta hasta 10 simultáneamente. El resultado recuerda a los caóticos paisajes del Bosco, famoso por su surreal tratramiento del infierno y sus habitantes. Finalizando el encuentro, Greenaway proyecta cortometrajes basados en “cuentos de hadas” – Cenicienta y La sirenita entre ellos. El resultado es perturbador y arranca su cuota de aplausos. “¿Por qué deberían permanecer en la guardería?” pregunta el realizador, en referencia a los cuentos.

Antes de su partida, Greenaway atiende una breve sesión de preguntas y respuestas. Habla con diversión de su siguiente proyecto – una película sobre Sergei Eisenstein, su realizador favorito, y la pérdida de su virginidad a los 33 años con un maestro de escuela en Guanajuato, México, 1929.

Insiste en la muerte del cine y la necesidad de despojarnos de sus restos. Está harto de Hollywood, Bollywood y los mismos sistemas de representación que rigen la industria desde 1915. Pero se lo ve positivo por el futuro del cine. Compara la llegada del digital a una segunda revolución de Gütemberg, y hace asco a la relación demasiado íntima que tiene el cine con la literatura. “Hay que romper el cordón umbilical entre el cine y la librería. Hay muy, muy pocas nociones cinematográficas basadas en imágenes (…) No hay por qué llorar por la muerte del cine. Lo que se viene es tanto más excitante”.

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