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El conurbano llegó a Pinamar

Eduardo Pinto (director), Lautaro Delgado (actor), Daniel Ortega (DF), Omar Jadur (Productor) y Alfredo Bertazzoni (actor) en la conferencia de prensa.

Opus dos de Eduardo Pinto, Caño Dorado (2010), cuya trama se desarrolla en la localidad bonaerense de Don Torcuato y la zona del Delta, tuvo su presentación hoy en una conferencia de prensa a la que asistieron el director junto con parte del equipo técnico y artístico.

La idea nació por una nota que vi en un diario donde se decía que una familia traficaba armas. Uno a veces se pregunta para qué me voy a meter a hacer una película contando este tema, pero un día fuimos al barrio a hacer la investigación previa aparecieron varios amigos con bolsos con armas. Entre todas ellas había un arma tumbera. Entonces me dije que por más que sea una ficción, un juego, la realidad seguía soportando la historia”, afirmó el director de Palermo Hollywood (2004) en referencia al origen de la historia de Panceta (Lautaro Delgado), un asalariado bonaerense que oscila entre sus labores oficiales de tornero y otra más turbia, la de fabricante y vendedor de armas de fuego.

Ese tenso equilibrio peligra cuando se cruce una joven y planeen la fuga perfecta. “El productor es de Boulogne, yo nací en Moreno. Hay otra estética y otro lenguaje cruzando la General Paz. La película tiene una faceta de documental al estar cambiando y mutando todo el tiempo”, completó Pinto antes de referirse a la estética del film, pilar fundamental en el lenguaje cinematográfico que propone: “Tiene una propuesta estética, fotográfica y audiovisual diferente. El Gran Buenos Aires está mostrado con una intención de belleza. Está mostrado sin ser un intento de denuncia sino darle una vuelta más”.

Sin embargo, esa estética empuja a Caño Dorado al abismo de la estetización de la pobreza y la marginalidad, aspecto reconocido como “el gran temor que tenía no sólo yo sino que todo el equipo”. “Tuvimos un gran respecto hacia el barrio y sus costumbres. Nosotros fuimos a hacer una película y abrimos las puertas para que la gente pudiera participar. Sí estaba en nosotros no ir a lo amarillo, que la historia transcurra pero que el barrio y la marginalidad sea el background. Lo que me interesaba era cómo este personaje llega a ser un delincuente, pero también humanizarlo. Cuando se habla de inseguridad en la TV no se los humaniza. Si vamos atrás en la historia sabemos porque llegaron a eso”, argumentó.

Al momento de explicar la composición de su personaje, Delgado reconoció la importancia del trabajo previo. “Hubo mucho ensayo y trabajo sobre el guión. Yo no quería en el estereotipo, como espectador los odio. El no trabajar con marcas me permite experimentar”, reconoció quien un año atrás pasó por Pinamar presentando Francia (2009), de Israel Adrián Caetano, donde también interpretaba a un obrero metalúrgico. “Para mí son diferentes. El de Francia no tenía el conflicto interno que tiene éste, era más pragmático. El quería tener trabajo, que él y su familia estuvieran bien. Tenía en claro que los más importante era la hija. Acá es distinto porque termina fuera de la ley. Se va contra las cuerdas en una situación que lo excede. La violencia que viene acumulando explota de una forma incontrolable para él”.

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