Rolando Gallego
26/05/2020 11:32

La nueva producción Snowpiercer (2020), que ya puede verse en Netflix, es la adaptación televisiva de la película homónima dirigida en 2013 por Bong Joon-Ho (quien además es su productor ejecutivo) y que tiene como epicentro un sofisticado tren en el que la lucha de clases y la ambición de poder y ascenso social digitan absolutamente todo.

El expreso del miedo

(2013)

El realizador coreano ha impuesto ya una marca para sus propuestas en las que siempre hay una mirada sobre la clase más popular y la pobreza que se hiperbolizan para crear impacto y empatía con los espectadores. Si en la galardonada Parasite (2019) el enfrentamiento era notorio, en Snowpiercer se lo disfraza de distopía para volver a hablar sobre las diferencias e injusticias.

El tren que da nombre a la serie es la única manera de seguir viviendo en la Tierra tras un desastre climatológico que tiño de oscuridad el mundo y lo convirtió en una helada masa uniforme de hielo en la que no hay espacio para la humanidad (eso lo sabemos por haber visto la película original y por el prólogo que antecede al primer episodio).

La única opción para seguir con vida, o intentarlo, es ser parte del gigantesco vehículo, que recorre diariamente varias veces la faz de la tierra y que hace más de un lustro que tiene a sus pasajeros habitándolo y compartiendo lugares.

Dividido por castas, por clases y por razas, dentro del tren de la empresa Wilford, solo algunos serán los beneficiados por lujos y manjares, y el resto, deberá luchar para conseguir siquiera una ración de algo que se presenta viscoso y oscuro, un trozo de una gelatina proteica que los mantiene vivos hasta el momento.

La acción de todo comienza cuando los topos, los desclasados, la escoria del tren, intentan una revolución, con la que buscan tener el control de todo para dejar de anhelar aquello que en algún momento tuvieron en sus vidas previas al cambio climático y que ahora sólo se lo imaginan y evocan.

Pero claro está que con esta premisa no se puede sostener un programa de largo aliento, por lo que se agregará la resolución de un misterioso crimen para el cual la casta más alta deberá absorber a uno de los topos llamado André, quien había oficiado hasta el momento como líder del foco rebelde dentro del transporte y el único con experiencia para desentrañar las muertes que comienzan a sucederse.

Aquello que la película desarrollaba con una precisa descripción y hasta cierto tono críptico, que favorecía la tensión social dentro de los vagones, aquí es fagocitado por la imperiosa necesidad de alcanzar a una audiencia mucho más masiva, transformar misterios en convenciones, incorporar subtramas y conflictos (amorosos, del pasado) que se disuelven por la facilidad con la que describe procesos y hasta el who do it del crimen a resolver.

Las interpretaciones correctas, manejan un tono televisivo clásico, a excepción de Jennifer Connelly, que despliega su oficio y encanto, verdadero imán y enigma del programa, una mujer dispuesta a ser la guía del Snowpiercer, pero también la verdugo de todo aquel que impida que las reglas establecidas dentro del tren puedan cumplirse.

Snowpiercer disponible cada semana un nuevo episodio en Netflix.

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