Rolando Gallego
09/05/2020 12:43

Mientras algunos realizadores siguen debatiendo si es cine o no aquel que se produce para plataformas, o si está bien volcarse al universo de las series en ellas o no, el realizador ganador de un Oscar Damien Chazelle (La La Land: Una historia de amor) dirige The Eddy con pericia y vuelo en una propuesta completamente diferente que incluye la música y los vínculos en un proyecto adulto y sólido.

La La Land: Una historia de amor

(2016)

Cuando Elliot (André Holland) toma las riendas del club que da nombre a la historia nada lo haría imaginar que una tarea que a simple vista parece simple, y que si bien él había legado en su socio, se complique por los obstáculos que los personajes satélites comiencen a plantearle y con quienes no sabe cómo lidiar en el cotidiano.

Así como su hija (Amandla Stenberg), recién llegada de Nueva York, le plantea de imprevisto que su vínculo se retome y fortalezca, el propio Elliot no puede consigo mismo, ni siquiera en el intento de reordenar el puzzle que le han dejado, o recuperar, al menos, el amor de aquella mujer (Joanna Kulig) que lo sigue deslumbrando cada día en y fuera del escenario, pero que también ancla esa pasión en su otrora fama como músico de jazz.

En la elección del granulado de la imagen, el acelerado tempo narrativo (algo característico de Chazelle) y la decisión que la cámara en mano, nerviosa, vertiginosa, sea otro de los protagonistas del relato, se habla de la decisión de trascender su formato.

En The Eddy la cámara estructura y consolida el eje temático del relato y cuando los personajes transitan París, lugar central de la historia, por momentos el guion queda relegado a aquello que la lente muestre antes, durante y después.

El principal inconveniente de The Eddy es tal vez la fuerza narrativa y el tempo que Chazelle le imprime a los dos primeros episodios, brillante, que al dejar su lugar a los otros realizadores, como Alan Poul, Jack Thorne, creador del programa, Laila Marrakchi y Houda Benyamina, el salto es evidente, queriendo buscar en la progresión de la historia su mirada, la que nunca vuelve a aparecer.

Aun así, el saldo es positivo y se fortalece el resto de los episodios con las logradas interpretaciones protagónicas, la mayor virtud de un envío que encuentra en la madurez de los libros un estilo diferente a producciones que la plataforma ha producido con la música, creada por Glen Ballard y Randy Kerber, como epicentro y, también, válvula de escape para el intenso drama que se plantea episodio tras episodio.

La cámara espía, rodea los escenarios, se sumerge en el sótano de The Eddy, convive con los músicos, los abraza, corre con los personajes, facilita la empatía desde la mirada que propone en cada capítulo y a medida que eso sucede, el magnetismo de la serie nos acerca aún más a los protagonistas y conflictos desarrollados.

Los ocho episodios de The Eddy ya están disponibles en Netflix.

Comentarios