Laura Vitali
22/02/2020 11:52

Si el parámetro es la sensación térmica del inicio, la nueva etapa de la Berlinale que se abre con la dirección artística de Carlo Chatrian (venido del muy prestigioso festival de Locarno) llama a la ilusión de la cinefilia. El primer dato para destacar (y esto se trata de una constatación de mi parte), es que -contrariamente a lo que venía sucediendo en los últimos tiempos- la película de apertura ha sido correcta, interesante amable. Lugar dejado habitualmente al compromiso o a la necesidad de dar una señal política en uno u otro sentido, el disparo de largada de la Berlinale solía ser entre desastroso e indigno (un ejemplo de esto: Nadie quiere la noche, dirigida por Isabel Coixet, que ni la Juliette Binoche podía salvar).

Las Mil y una

(2020)

Este año comenzó con una comedia. Eso no es poco. Y es toda una señal (ya se sabe, el compromiso con los Temas Importantes hace que todo lo que provoque risa y placer sea desdeñado). My Salinger Year, del canadiense Philippe Falardeau (a quien en Argentina conocemos por Profesor Lazhar, posiblemente su mejor película) es un producto que se mueve con elegancia entre el canon de mainstream y cierto coqueteo por ciertos lugares más propios del indie. La aspirante a escritora (Margaret Qualley) que se muda a la bohemia New York para terminar trabajando de secretaria de una agencia literaria, puede dar una idea de cuál es el mundillo, qué partes de Manhattan son los que recorre la deriva narrativa. El cariño por los personajes, un adecuado fuera de campo (o casi) de Salinger y la presencia cinematográfica de una radiante Sigourney Weaver (¡Gracias por no haber cambiado radicalmente tu fisonomía con cirugías imposibles!) hacen que el comienzo haya sido feliz. No, claro, más allá de ciertos saltos temporales, algunos juegos con el sonido y la imagen, en modo alguno se trata de una obra de vanguardia… ¡pero cómo se agradece una comedia amable, con buenas actrices, ante tantos padecimientos del pasado!

Las buenas noticias del inicio se expanden también a las otras secciones. En la enorme Panorama, el comienzo fue argentino. Nada menos que con la segunda película de la talentosa realizadora correntina Clarisa Navas (Hoy partido a las 3). Las Mil y una recorre el barrio de Las mil con un conocimiento y empatía que sólo quien alguna vez lo habitó posee. Historia de amor entre dos chicas, el lugar es uno de los protagonistas sustanciales de la trama. Si el cine nos permite acercarnos a lugares desconocidos, este viaje sin prejuicios (pero no exento de crítica ni filo político) efectivamente nos lleva a otro planeta. La circulación del deseo, pero también del chisme, son los que marcan el ritmo de una cámara en mano que literalmente nos pasea por ese mundo. Gran, hermosa película que sólo en la pantalla grande se puede apreciar como es debido.

La sección Forum, por su parte, se dio el lujo de comenzar con una nueva película de Raúl Ruiz. Sí, el prolífico director chileno ha sabido vencer a la muerte, y gracias al trabajo de co-dirección de Valeria Sarmiento podemos apreciar El tango del viudo y su espejo deformante. Búsqueda, esa vanguardia que es esencia y no pose; mucho humor y, por supuesto surrealismo. La historia se centra en el señor Iriarte y cómo la muerte de su mujer, que lo sigue acechando y rondando pese a ello, pone patas para arriba su vida. Literalmente. La aludida conclusión de la obra (filmada así entre 1967 y 2019) por su viuda constituye otro guiño a ese espejo deformante que siempre fue el cine de Ruiz.

La nueva sección competitiva Encounters (de la que participa el argentino Matías Piñeiro con Isabella) tiene otro ritmo, otra mirada, que se corre de los requerimientos más próximos habitualmente a la diplomacia de la contienda oficial. Aquí la película de apertura, Malmkrog, provocó que una buena parte de la sala abandonara sus butacas para huir de la proyección. Pero no tenían razón. O, quizás no tenían paciencia. En tiempos en que las series imponen definiciones y vueltas de tuerca y minan guiones de aparentes cliffhangers (constantes e innecesarios) Cristi Puiu (La noche del señor Lazarescu, Aurora, Sieranevada) encierra sus personajes a discutir en una mansión aristocrática. Estamos en algún momento del inicio del Siglo XIX y la discusión política va atrapando a cada uno de los protagonistas en su propio discurso. Sin siquiera la circulación por los espacios de Sieranevada, los 60 planos que componen la película se centran en el discurso. Esa concentración permite disfrutar la aventura del duelo verbal (mayoritariamente en francés, lengua de las clases ilustradas por ese entonces), al tiempo que el clima se va enrareciendo. La irrupción de la violencia, la creencia en la posibilidad de una democracia global, la religión y la demagogia conforman una deriva en la que la conexión con la actualidad moviliza e incomoda.

Por último, la siempre hermosa sección Berlinale Classics comenzó en el también hermoso Friedrichstat-Palast con la proyección de la copia restaurada (por la Cineteca de Bologna) de Waxworks, de Paul Leni (Alemania, 1924) con música en vivo. Con los tintes preservados de la época (aunque la base se trate de una copia inglesa, algo más corta que la alemana original) y un nuevo acompañamiento musical, perfecto, creado en 2019, el evento se parece bastante a la felicidad absoluta.

Lo dicho: ha comenzado muy bien esta 70° edición del Festival Internacional de Cine de Berlín.

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