Emiliano Basile
30/01/2020 21:20

La película que tiene a un atípico Adam Sandler de protagonista es tan irritante como su personaje principal, un comerciante de joyas judío que vive al frenético ritmo de sus operaciones comerciales.

Diamantes en bruto

(2019)

Un buen día importa un extraño diamante de una mina de Etiopía que, como el oro, produce tanta fascinación como desgracia a quienes lo poseen. No por nada, el plano inicial yuxtapone una cámara recorriendo “la profundidad” del diamante con una colonoscopia.

Diamantes en bruto (Uncut Gems, 2019) está contada con el mismo vértigo que vive su protagonista, Howard Ratner (Adam Sandler), que no es otro que el del dinero en movimiento. Las deudas, promesas de ventas y apuestas, siempre generan en él mayores ilusiones que éxitos. De este modo Howard vive una vida paralela, se gana el menosprecio de su mujer e hijos, el odio de sus acreedores y la indiferencia del resto de la sociedad. Pero lejos de construirlo como un pobre hombre, la película lo presenta como un ser alienado, imposible de producir empatía en otro ser humano. Adam Sandler sorprende con este personaje aunque sin hacer una extraordinaria performance. Un personaje que le sienta bien como hombre de negocios apostando a encajar las piezas de su rompecabezas. Su explosiva actuación siempre al límite incómoda y hasta molesta.

Dirigida por los hermanos Ben Safdie y Joshua Safdie (Good Time: Viviendo al límite), perfeccionistas en narrar la adrenalina del mundo cotidiano (y deshumanizado), el relato percibe la suerte de su protagonista, con un ritmo alocado -en el sentido negativo del término- que tarde o temprano se irrumpirá de la peor manera. La cuota de mala suerte a diferencia de otra película frenética como El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, 2014), viran al film hacia la tragedia. La producción ejecutiva de Martin Scorsese queda fundamentada en ese universo paralelo de negocios entre delincuentes y mercenarios que la película plantea.

Diamantes en bruto es una película incómoda, y claustrofobia acerca del micro universo sin salida que el dinero representa. Una visión pesimista de la histórica ambición humana solo alivianada en el relato mediante una exquisita banda sonora setentera que nos transporta a otra dimensión.

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