Juan Pablo Russo
30/11/2019 11:57

Jérémy Clapin consigue poner en escena una obra emocionante, cautivadora, apasionante, exquisita en su forma y accesible para todos los públicos con Perdí mi cuerpo (J'ai perdu mon corps, 2019) premiada en la Semana de la Crítica del 72 Festival de Cannes con el Grand Prix Nespresso y en la 43 edición del Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy.

Perdí mi cuerpo

(2019)

La película comienza con un cuerpo tirado en el suelo seguido de, un recuerdo (en blanco y negro, como tantos otros a lo largo de la historia), en el que un padre enseña a su hijo cómo atrapar moscas con la mano. Inmediatamente después, otro recuerdo: una mano cercenada se libera del embalaje de plástico que la mantenía presa, sale del frigorífico y huye a través de una ventana entreabierta, trepando por un esqueleto y escapando de una persona alertada por el ruido. Comienza así un frenético y acrobático viaje por París, una cadena de infortunios trepidante y divertida, batallas contra palomas y ratas, una peligrosa caída, escapar de un camión de la basura y de las fauces de un perro, caer a las vías del metro o hacer parapente con un paraguas. Todo con un único objetivo: llegar hasta una altísima grúa.

La trama cuenta paralelamente la historia del joven Naoufel, huérfano tras la trágica muerte de sus padres en un accidente de tráfico. Desde entonces lleva una vida sombría, vive en casa de un pariente lejano y trabaja como repartidor de pizzas, lo que le llevará a conocer a Gabrielle, la bibliotecaria de la que se enamorará. Hará todo lo posible para acercarse a ella, incluso trabajará de aprendiz de carpintero para su tío. ¿Será capaz de engañar al destino y tomar las riendas de su futuro?

Jérémy Clapin demuestra una vez más un gran talento con su primer largometraje. Mezclando métodos de animación 3D y dibujos en 2D con la tableta gráfica, consigue que la imagen tenga una fluidez impresionante. El director ha sabido unir perfectamente el ritmo y la sensibilidad de la trama, con un ingenio sin límites y gran dominio de la técnica 3D, jugando con la materia y el tiempo; y utilizando arriesgados encuadres, con delicadeza y gran atención a los detalles. Todo bajo un estilo que une el comic, el cine fantástico y el realismo romántico.

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