EscribiendoCine
08/06/2019 00:18

Narciso Ibáñez Serrador, fallecido hoy a los 83 años, llevaba años postrado en una silla de ruedas, lo que no le hizo perder su fino sentido del humor, sus certeras opiniones ni sus ganas de seguir haciendo su trabajo.

El director de cine y televisión Narciso Ibáñez Serrador y creador de formatos revolucionarios en España como el concurso Un, dos, tres... o Historias para no dormir, falleció este viernes a los 83 años de edad.

Ibáñez Serrador, conocido como "Chicho", padecía una enfermedad degenerativa y su estado de salud era ya muy delicado cuando fue ingresado hace unos días en un hospital madrileño a consecuencia de una infección.

Nacido en Montevideo (Uruguay), en 1935, 'Chicho' era hijo del actor y director teatral Narciso Ibáñez Menta y de la actriz Pepita Serrador. Siendo muy joven se inició en el mundo del espectáculo en los años cincuenta, trabajando en España como actor en la compañía de teatro de su madre.

Después volvió a Argentina donde inició una fructífera colaboración con su padre, Narciso Ibáñez Menta, en teatro radio y televisión.

Regresó a España en 1963 para incorporarse a Televisión Española, a la que estuvo ligado durante casi toda su trayectoria profesional.

En cine, destacan dos títulos de cine fantástico español: La residencia (1969) y Quién puede matar a un niño (1976). También modernizó la televisión gracias a series y programas como Historias para no dormir, Historia de la frivolidad o el concurso Un, dos, tres... responda otra vez.

"Siempre me negué al título de maestro, me parecía excesivo
", dijo Ibáñez Serrador el pasado 14 de enero, en la que fue su última aparición pública, cuando recibió el Goya de Honor en la fiesta de nominados celebrada en el Teatro Real de Madrid.

Acompañado por sus hijos, admitió que era "muy emocionante que piensen que lo que has hecho sirvió de escalón a otros".

Y agradeció "la atención" que los espectadores han puesto siempre a las cosas que hizo en su carrera. "Siempre las he hecho para ustedes", dijo con humildad.

El 2 de febrero se pudo ver de nuevo al maestro, pero solo en un vídeo que se emitió durante la gala de los Premios Goya, celebrada en Sevilla.

"La clave del terror reside no en ver sino en imaginar", aseguraba quien dedicó toda su vida a un género en origen denostado y al que supo imprimir la dignidad que merecía.

Con sus películas para cine y para televisión se ganó el reconocimiento unánime del público pero no recibió los premios que su trayectoria merecía, que le llegaron tardíamente, por el conjunto de su carrera.

Y eso que a nivel internacional sí se le había premiado. En 1965 consiguió el primer premio internacional en la historia de TVE con El último reloj, una adaptación del relato de Edgard Allan Poe, La Ninfa de Oro del Festival de Montercarlo.

En 2001, el Premio a "Toda una Vida" de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión; en 2003 el Ondas de Televisión; en 2019 el Premio Nacional de Televisión; en 2017 el Premio Feroz de Honor y en 2019 el Goya de Honor.

El Goya lo recibió hace tan solo cuatro meses, y hace dos años, la Asociación de Periodistas Cinematográficos quiso llenar ese vacío con el Premio Feroz de Honor, que recibió emocionado y dando muestras de su inteligencia.

"Es terrible ver tantas caras, muchas de amigos, mirándome, tantas caras porque a la mayoría no los conozco pero prometo presentarme a ellos y hacer un trabajo más, una peli más o algo de televisión, no sé, si quieren", dijo entre los aplausos de los asistentes.

"Y no es por dejar que se siente una lección más, no, porque yo nunca he dado lecciones, lo que sí sé es terrible, que todos vosotros me estáis mirando con respeto. A mí el único que me tiene respeto es mi hijo /(...) Yo prometo que la próxima vez que se haga una recepción como esta, antes verán una película más".

Pero el primer gran homenaje le había llegado cuando recibió el Premio Nacional de Televisión. Fue en 2010, cuando ya tenía 75 años y su salud se resentía.

"Estoy sentado en la cama frente al televisor, tengo uno muy grande, muy grande. Me entretiene y hace que pase el día más rápido. Solamente por eso tengo que agradecerle a la televisión. El hecho de que una persona que no está bien de salud se entretenga y pase el rato ya es más que suficiente", señaló a Efe.

En otro homenaje en Valladolid, en 2009, reflexionaba sobre su querida televisión. "Cada país tiene la televisión que se merece, una programación hecha a la medida del pueblo, ya que cuando se hace a gusto de los gobernantes se convierte en un panfleto publicitario, en algo muy aburrido".

Y se preguntaba: "¿Qué puedo hacer yo que no se haya hecho ya? Muy poco, prácticamente nada".

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