Fernando E. Juan Lima
25/05/2019 16:06

Va llegando el final y aprovecho para recorrer algunas películas que habían quedado sin comentar, más alguna que sí he visto finalmente hoy.

A Vida Invisível de Eurídice Gusmão

(2019)
7.0

Entre estas últimas la inquietante Zombi Child, de Bertrand Bonello. Un gran director, que como hemos podido ver en la retrospectiva que hace unos años le dedicó el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, las distintas maneras en que la pretendida normalidad es corroída, mutada, revuelta, es algo que siempre le interesa. La película que presentó en la Quinzaine des Réalisateurs narra en dos tiempos (de 1962 a 1980 y en la actualidad) una historia que une el pasado en Haití con el presente en Francia. A la prestigiosa escuela en la que estudia la protagonista sólo pueden acudir los hijos de “los héroes de la patria”, aquellos que han sido reconocidos con la Legión de Honor. Los ritos de ese mundo que huele a naftalina, que parece quedado en el tiempo, hablan de algo más muerto que vivo. Más, sin dudas, que la cultura voodoo que trae consigo la protagonista de origen haitiano que se suma al grupo de cuatro amigas unidas por una sororidad literaria. Allí están los lugares comunes del género, pero algo desplazados, en otro tempo, con otro interés en la construcción y psicología de los personajes.

En un año en el que los zombies han tenido mucha presencia desde la propia apertura con el film de Jarmusch (no se trata de una casualidad, la mirada hacia el presente del mundo es clara), también en la Quincena me encuentro con Sem seu sangue, de Alice Furtado. La manifestación del equipo de la película en contra de los avances contra la educación pública en el país vecino puede dar una idea del particular auge de los muertos vivos en los tiempos que corren. El cine brasileño reciente (lo he señalado al reseñar Bacurau) ha sabido valerse de los géneros clásicos para hablar de otros temas. En el caso de Furtado, lo que prevalece es la historia de amor que acerca a la protagonista a un compañero de escuela, hemofílico. El prematuro deceso de este último es el que abrirá las puertas para buscar el reencuentro, acudiendo para ello a cualquier artilugio. La película pretende asirse a una construcción climática más que narrativa, mas ello no disculpa cierta deriva sin rumbo, modificada por un volantazo que no se condice con lo generado hasta ese momento.

La presencia argentina ha sido algo más acotada este año (más allá del foco dedicado a nuestro cine en la muestra paralela ACID) pero con Por el dinero, de Alejo Moguillansky, no nos podemos quejar de nuestra representación en la Quincena. Con ella, además, llega a Cannes El Pampero, otra razón para congraciarse por el reconocimiento a otra manera de ver, hacer, pensar el cine en nuestro país. Del teatro al cine, con mucho humor, Por el dinero se mete de lleno en la particulares estrategias de supervivencia que ha sabido inventarse nuestra cultura para seguir adelante, pese a todo. A las dificultades globales, habituales en una temática en la que el dinero, justamente, no abunda, hemos sabido sumar inflaciones (e híper), devaluaciones, abandono de programas, constante cambio de reglas, y muchos otros etcéteras. Sin embargo, en ese contexto particularmente enervante, los proyectos se multiplican y cine y teatro argentinos (lo que aquí interesa) no dejan de sorprendernos, con una producción rica, múltiple, diversa. ¿Cómo se produce ese milagro? Con amor por lo que se hace, con compromiso. Y con una muy bien adquirida habilidad para remar contra la corriente (e incluso, llegado el caso, saltarse alguna regla). Eso es lo que exuda Por el dinero, esa pasión que no por épica pierde el humor. Cuánto de lo relatado desearíamos que fuera ficción...

Fuera de competencia (que a tanto no se atreven) la selección oficial viene programando un título coreano de género (aquí tuvo su premier, por ejemplo, Invasión Zombie). Este año fue el turno de The gangster, the cop, the devil, de Lee Won-tae una película policial, de mafia y de asesino serial, como con bastante explicitud revela el título elegido para la difusión mundial. No es una gran película, posiblemente no quede en los anales de la historia del cine. Es una muy lograda película industrial con muy buenas perspectivas de funcionar comercialmente y ser popular. La idea es tan simple como buena: el hecho de que un asesino serial intente hacer lo suyo con un capo mafioso termina por acercar a éste al único policía no corrupto del distrito para encontrar al enemigo común. Sí, también es una buddy movie con sus momentos cómicos muy bien dosificados. Las escenas de acción, por cierto, están muy por encima de la media de lo que nos permite ver el plato casi único del cine de Hollywood. En fin, una de esas películas que nos hacen pensar en cuantos bodrios se estrenan semana a semana en Argentina (habría que volver a mirar al Este).

En Un Certain Regard ahora, Summer of Changsha, de Zu Feng, es un policial cruzado por el melodrama que sabe a poco (aún con sus momentos, su abúlico ritmo parece responder al lugar común de la película pensada para festivales). Distinto es lo que propone O que arde, de Oliver Laxe (Mimosas) con una obra que se toma su tiempo para entrar en el mundo del pirómano que vuelve a su pueblo en Galicia tras haber cumplido condena en relación con un incendio. El pueblo, sus costumbres, la dinámica e influjo de un fuera de campo que es -también- el de lo no dicho. Las limitaciones culturales (hasta legales) y lo inmanejable de la pulsión conviven con precaria estabilidad. Siempre a punto de estallar.

La película que se llevó el premio mayor de esta sección es A Vida Invisível de Eurídice Gusmão, de Karim Ainouz (Madame Sata). Una obra interesante en la que algo personal se advierte en lo que, para nuestros países, es una súper producción. La historia es la de dos hermanas cuyas vidas se separan por los mandatos de un padre retrógrado y tiránico que da por muerta a la joven que comete el pecado de tener un hijo por fuera del matrimonio. Mucho de culebrón (algo que en Brasil se da muy bien), pero cruzado por una mirada política que dialoga con las actuales luchas en pos de la igualdad de género y el respeto a la diversidad. En fin, un premio de manual para un Palmarés que supo reconocer lo más logrado de una sección (Un Certain Regard) muy despareja.

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