Fernando E. Juan Lima
19/05/2019 20:49

La sexta jornada del 72 Festival de Cannes presentó la nueva incursión de Bruno Dumont en la vida de Juana de Arco con Jeanne; el thriller chino The Wild Goose Lake, de Diao Yinan; la ya confirmada para su estreno argentino La Gomera, del rumano Corneliu Porumboiu, y Una gran mujer, del ruso Kantemir Balagov.

La Gomera

(2019)

Bueno, ya comienza la segunda parte del festival. Esa en la que las horas de cola (no menos de 40 minutos por película que uno ve, y el promedio es de 5 por día), el comer mal y el poco sueño comienzan a sentirse un poco. Los filtros se pierden y la escritura se hace más directa. Por otra parte alguna película crece con el tiempo (Atlantique de Mati Diop) y otras se caen, todavía más (Los miserables, de Ladj Ly y Sorry We Missed You, de Ken Loach).

Sí, el promedio es de unas cuatro o cinco películas por día (algunas las comento al día siguiente para dormir un poco) y otras las doy por conocidas por todos y por eso no hay reseña. Lo que sí merece la pena destacarse es la posibilidad que brinda Cannes Classics de dar una nueva vida, casi como un re-estreno o una nueva premier, a grandes películas de todos los tiempos. Así como la programación de la versión digitalizada y restaurada de La hora de los hornos, de Fernando "Pino" Solanas llevó a que el año pasado la película pudiera verse nuevamente alrededor del mundo, son muchas las obras que en copias perfectas pueden verse en la sala Buñuel del palacio de los festivales durante el Festival de Cannes. La constante labor de la Cineteca de Bologna permitió ver como hace mucho no se hacía Milagro en Milán, de Vittorio De Sica. Se trata de una película que no pierde actualidad ni en su denuncia (de hecho se dice que el título original iba a ser "Los pobres molestan" y que, junto con algunas escenas cortadas, ello no fue admitido para su lanzamiento) ni en la manera de hacerlo con humor, cariño y compromiso con lo que se retrata (algo de esto podría aprender don Loach, tan cruel y ajeno a lo que cuenta, últimamente). Otras joyitas de esta selección: el foco mexicano de Buñuel (impresionante la labor de la Cineteca mexicana) con Los olvidados, Nazarín y La edad de oro, así como Busco mi Destino de Dennis Hopper, Moulin Rouge de John Huston y Los amores de una rubia de Miloš Forman. Ahora sí cierran los números.

Tras la hermosa y disruptiva Jeannette, la infancia de Juana de Arco (presentada en la Quinzaine des Réalisateurs en su momento) Bruno Dumont vuelve a la Selección Oficial (en la sección Un Certain Regard) con Jeanne. Nuevamente Dumont sigue a pies juntillas la obra del escritor de comienzos del siglo XX Charles Péguy, el que, pese a su declarado ateísmo tiene un acercamiento a lo religioso que resulta compatible con la formación y mirada del director de Fuera de Satán y La humanidad. La acción ahora arranca en 1429 cuando Juana de Arco comanda las tropas francesas que pretenden expulsar al invasor inglés y culmina con su juicio y muerte. Hay menos música que en Jeannette, la infancia de Juana de Arco y ésta no es más esa de inspiración metalera que tanto había espantado a parte de la crítica; en ese sentido, la apuesta de Jeanne es menos radical, la música es extradiegética, más acorde en los tonos con la época, y se escucha mientras la protagonista mira a cámara pero no canta. La protagonista en una jugada sí muy extrema es Lise Leplat Prudhomme, quien hacía de la más joven Juana de Arco en la anterior película, de solo 10 años. La idea de Dumont tiene que ver con no hacerse cargo de los lugares comunes de cómo debe filmarse una película de época, atreviéndose a ciertos anacronismos que, posiblemente no son tales sino que tienen que ver con la educación (o la deformación) que hemos recibido del cine en torno a cómo era la vida en el siglo XV. Después de la genial miniserie P’tit Quinquin Dumont realizó una secuela, Coincoin et les z’inhumains, igualmente incorrecta e hilarante. Si en Jeannette, la infancia de Juana de Arco había algo del humor que podía encontrarse en la bastante fallida La Bahía, algunos de los personajes de Jeanne bien podrían formar parte del universo de Quinquin ó Coincoin. El gran prodigio que logra Dumont es el de, partiendo de la propia disrupción de la edad de la protagonista, utilizando un tono de actuación que genera en principio un efecto de distanciamiento y un humor extraterrestre que ayuda a conformar un clima de extrañamiento que por momentos se acerca al sinsentido, lograr una construcción épica en la que la personalidad de Juana de Arco aparece con toda su fuerza y la gran pregunta acerca de si lo que vemos es una muestra de fe o de locura termina por instalarse en la película como pocas veces en el cine.

También en Un Certain Regard, Una gran mujer confirma que Kantemir Balagov es un director al que hay que prestarle atención (su anterior Closeness también fue seleccionada por esta sección en 2017). Esta segunda película confirma un trabajo formal, una elegancia en los encuadres y un trabajo con la iluminación en la que se nota su formación con Alexander Sokurov. Posiblemente la película más sólida técnicamente de las vistas en Un Certain Regard, lo que para algún poco avisado ha sido quizás un exceso en el guion (del mismo director, junto con Alexander Therekhov) en realidad tiene que ver con el tono y la mirada de una época y un momento determinados (la posguerra en un país ciertamente devastado). Está claro que la tragedia que viven las protagonistas (mientras una joven está en el frente deja a su hijo bajo el cuidado de una compañera que trabaja en un hospital militar, pero éste fallece poco antes de su regreso) dispara una serie de reacciones y eventos que se conectan con una lógica que puede parecer poco realista. Sin embargo, más allá del expresionismo que tiñe incluso la paleta de colores con que se representa la realidad, tampoco puede evitar tomarse en cuenta que el paso por el frente, la cercanía y la convivencia con la muerte modifican la percepción del mundo circundante. Potente y triste, pero lejos de las convenciones del melodrama, Una gran mujer figura seguro entre las 3 ó 4 mejores películas de esta sección.

Para el final, dos propuestas muy diversas de la Competencia Oficial. En primer término el thriller chino The Wild Goose Lake, de Diao Yinan. Algo de film noir en la propuesta y en la puesta (las escenas son casi siempre nocturnas, el protagonista un malandra y la heroína una prostituta) y mucho de acción, persecuciones y traiciones cruzadas. De un garaje en algún bajo fondo donde la mafia se distribuye los barrios para robar motocicletas (con una muy didáctica clase de cómo hacerlo) al asesinato de un policía en el marco de una lucha interna del grupo delictivo, la mayor parte de la trama se concentra en el intento de escape (o al menos, de hacer valer su muerte para dejar algo a su familia) del delincuente que asesinó a aquél policía. Los lugares cuentan tanto como la acción, y tanto la dinámica como el desenlace dan cuenta de que el lugar que a los codazos se están haciendo las mujeres en la sociedad moderna atraviesa la cotidianeidad actual de todos los países del mundo.

Y la última, La Gomera la más reciente creación de ese gran director que es el rumano Corneliu Porumboiu. De Rumania a Las Canarias, la trama sigue las traiciones cruzadas entre la mafia y la policía, en una sucesión de acuerdos que son hechos (casi siempre) para no ser cumplidos. La historia las vamos conociendo de a partes, mediante los retazos que podemos conocer cuando nos son presentados cada uno de los protagonistas. Esa alteración temporal que puede dar un tono tarantinesco al asunto no hace que el director de Policía, adjetivo abandone su habitual interés por la lengua (impagable la escena en la que la enseñanza de un pretendido idioma de silbidos muta en una clase sobre el alfabeto rumano) y por los efectos en el presente de una sociedad que ha vivido durante décadas hundida en una lógica de mentiras, apariencias y delaciones permanentes. La buena noticia es que esta película ya ha sido adquirida para su estreno comercial en la Argentina. Si existiera algo de justicia (y los tanques dejaran algún lugar para un lanzamiento razonable), el tono más juguetón de esta película y el ritmo trepidante con el que, con mucho humor, una vuelta de tuerca sucede a la otra, tendríamos que prever una muy buena recepción en nuestro país.

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