Fernando E. Juan Lima
17/05/2019 21:07

Las nuevas películas de Ken Loach (Sorry We Missed You), y Takashi Miike (First love]) junto a la ópera prima de Mati Diop, formaron parte de la programación del cuarto día del 72 Festival de Cannes.

Atlantique

(2019)

Ya en la cobertura para Diario BAE me preguntaba (prejuzgando, es cierto) sobre la pertinencia de seguir programando todas y cada una de las nuevas películas que siguen realizando, con puntualidad casi religiosa, directores como Ken Loach, los hermanos Dardenne o Xavier Dolan. Ya sé que no son lo mismo, y que siempre hay que estar dispuesto a la sorpresa; pero si a su indefectible presencia sumamos la cantidad de seguidores e imitadores que cada uno de ellos ha generado (de hecho, la película de apertura de Un Certain Regard que comentamos ayer mismo, La femme de mon frère fue dirigida por una actriz de Dolan, Monia Chokri, y su estética y constante crispación lindante con la histeria la vinculan claramente a su obra), algo de aquel prejuicio queda justificado en los hechos y el resultado es ciertamente excesivo.

Sorry We Missed You no es de las peores películas del último Loach. Hay aspectos que pueden rescatarse en relación con la mirada sobre cómo funcionan las empresas de entregas que trabajan con otras del estilo de Amazon, Mercado Libre etc (de hecho hay una impresión de realidad bastante mayor que la del hombre mayor excluido del sistema en Yo, Daniel Blake, también programada aquí, por supuesto). También hay algo en la construcción de personajes y lazos familiares que funciona: el padre de familia que “entra en la trampa” interesa más por la dinámica de funcionamiento del grupo (padre, madre, hijo, hija) que por el impacto que ese traspié tiene en ellos. Teniendo en cuenta el pasado más reciente del director, estamos esperando todo el tiempo el golpe por debajo del cinturón. Un cáncer terminal, una violación, una muerte violenta, un accidente de tránsito. Loach lo sabe y hasta juega creando suspenso con ello (como en la escena en que el protagonista conduce agotado su camioneta, semi-dormido, circulando alternativamente por su mano y en contramano). En fin, que esta vez hay algún límite y nos perdona ese golpazo. Se conforma con una constante humillación de baja intensidad, moderada por algo de amor intra-familiar (más allá de los múltiples conflictos, a los que no son ajenos los cambios propios de un hijo adolescente). Otra película más de “denuncia” que maltrata a sus personajes (aunque esta vez hay algo más de empatía y hasta algún toque de cariño), a los que no les deja salida alguna. Una exhibición un poco perversa y ciertamente condescendiente de una clase trabajadora a la que sólo le cabe sufrir para que nosotros, los burgueses que vamos al cine, nos sintamos un poco progres y, por lo tanto, mejor.

Atlantique, primer largometraje de Mati Diop parte de los conflictos laborales que existen en la construcción de una surreal torre en Dakar para vincular, de alguna manera aspectos que tienen que ver con la migración y el amor entre Ada y Suleiman, capaz de vencer a la muerte. Misterio, política y mucho de una belleza que se atreve a homenajear a Yo caminé con un zombie, de Tourneur, sin hacer el ridículo. La referencia a las costumbres locales puede dejarnos un poco afuera (de hecho los djinns que vemos en pantalla pasaron de ser genios en la cultura mesopotámica a usurpadores de cuerpos para el Islam). Sin embargo, esa incertidumbre no impide (quizás hasta favorece) el disfrute de la poesía y belleza de esta historia de amor (con su dilema entre el matrimonio convenientemente arreglado y el amor verdadero) cruzada por las reivindicaciones sociales pero también por una dinámica que aprendimos de las películas de muertos vivos, revenants o voodoo.

No es momento (ni lugar) para fingir objetividad. Si bien el fanatismo no es lo mío, me gusta (y mucho) casi todo lo que he visto de Takashi Miike. Digo lo que he visto y no lo que ha hecho porque si bien he tenido la suerte de ver en cine muchas películas suyas (todas las que se dieron en Mar del Plata y BAFICI, por empezar), es tan salvaje la rapidez y constancia con la que filma, que su obra resulta casi inabarcable. Así y todo, el director de Audition (creo que la única estrenada comercialmente en Argentina) el último tiempo venía proponiendo algunos entretenidos refritos que no estaban a la altura de sus mejores creaciones. Pues bien, con First love Takashi Miike vuelve a mostrar su mejor forma, esa en la que el ritmo vertiginoso da lugar al disparate pero sin perder la línea narrativa. Historia de yakuza, enfrentamiento con la mafia china y el improbable nacimiento del amor entre un boxeador al que se le acaba de diagnosticar un terminal cáncer de cerebro y una junkie obligada a prostituirse por su padre (que la persigue, en calzoncillos, en sus alucinaciones). Sí, esas cosas que pasan en las películas de Miike, como las coreográficas peleas, algunas katanas, y hasta una vibrante persecución en la que el animé irrumpe en escena. ¡Una verdadera fiesta que piensa en el cine y no en aleccionarnos como si todos fuéramos subnormales!

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