Juan Pablo Russo
03/03/2019 14:19

La más famosa y experimental de la obras de Anthony Burgess, autor de un legado literario que cuenta con 33 novelas, 24 obras no ficticias y más de 250 musicales, llegó en 1962 con La naranja mecánica, en ella quiso demostrar sus dotes del lenguaje inglés y la creación de personajes con un acento inusual.

Naranja mecánica

(1971)
7.7

En 1971 Stanley Kubrick realizó la versión cinematográfica que aún perdura en el imaginario colectivo. Se trata entonces de una película insigne del siglo XX que ha sido definida como: “Un punto de inflexión ultra violenta en la historia del cine, la música y la cultura”.

De acuerdo a su autobiografía, Burgess se entendió muy bien con Kubrick, en su momento alabó el trabajo de los actores Malcolm McDowell y Michael Bates, y el uso de la música; su reacción original a la película fue entusiasta, pero insistió en que la única cosa que le molestaba era la omisión del último capítulo de la historia.

Según sus biógrafos, escritor y cineasta sostenían filosofías y opiniones políticas similares; ambos estaban muy interesados en la literatura, el cine, la música y Napoleón Bonaparte, pero la relación se fracturó cuando Kubrick le dejó a Burgess la defensa de la película frente a acusaciones de que magnificaba la violencia.

Aunque el largometraje llegó a ser censurado por varias décadas desde 1973 debido a que inspiró varios crímenes de imitadores; su valor artístico no es objetado. Pero La naranja mecánica tuvo también numerosas versiones teatrales, incluso el propio Burgess realizó la adaptación de la novela que se convirtió en ópera, musical, drama y hasta en coreografía, pero que extrañamente no se representó en Buenos Aires hasta ahora.

Adaptada y dirigida por Manuel González Gil, la obra que se presenta los viernes, sábados y domingos en el Método Kairós Teatro (El Salvador 4530) cuenta en su elenco a Franco Masini interpretando a Alex junto a Lionel Arostegui, Enrique Dumont, Stella Maris Faggiano, Francisco González Gil, Toto Kirzner, Fran Ruiz Barlett, Tomás Wicz y los músicos Bruno & Rodrigo Caro Langwagen.

La trama se desarrolla en el Reino Unido en un futuro distópico marcado por la violencia y el autoritarismo. Alex, el protagonista, lidera una banda de jóvenes marginales, "Los Drugos” que siembra el caos a través de actos de violencia injustificados. Amante de la música clásica, Alex ingresa en la casa de una señora a la que mata por accidente. Tras haber sido juzgado y condenado a prisión por sus acciones, acepta someterse a un tratamiento psiquiátrico llamado Método Ludovico a fin de reducir la condena, tratamiento que aún se encuentra en fase experimental. Entonces, todo da un giro inesperado.

Al explorar cuestiones sociales y políticas intemporales, en La naranja mecánica González Gil aborda como todos los sectores que integran las instituciones de una nación son responsables de la delincuencia juvenil, el libre albedrío y la corrupción moral para beneficio propio. Dicha lectura propone un interesante debate en épocas donde la baja de la edad de imputabilidad es parte de la agenda política de Argentina y varios países de Latinoamérica.

La puesta en escena, moderna y donde se copian algunas escenas de la película, ofrece algunos momentos logrados donde las situaciones de tensión o mayor dramatismo ofrecen alguna vuelta de tuerca para descomprimir, aunque por momentos los gritos innecesarios de los actores se conviertan en tan insoportables como la impostación injustificada de Franco Masini, en un tono que nada tiene que ver con la del resto de sus compañeros y que resta en lugar de sumar.

Pese a los altibajos, La naranja mecánica ofrece un agudo retrato de época acercando un clásico de la literatura mundial a nuevas generaciones.

Comentarios