Juan Pablo Russo
10/10/2018 12:22

La masacre ocurrida en Noruega, más precisamente en Oslo y Utoya, durante el verano de 2011 es llevada al cine por Paul Greengrass en 22 de julio (22 July, 2018), película que formó parte de la competencia de la 75 Mostra de Venecia y que se estrena en Netflix.

22 de julio

(2018)

El  22 de julio de 2011, en Noruega, ocurre un violento atentado en dos lugares distintos que causa la muerte de 77 personas, conmocionando al país y al resto del mundo. Anders Behring Breivik, un autodenominado extremista cristiano de derecha con odio hacia los musulmanes, detona una bomba en la sede del Primer Ministro en Oslo, matando a ocho personas. Después de eso, Breivik, con un uniforme de policía, tomó un ferry hasta la isla de Utoya, en las afueras de Oslo, y asesinó a sangre fría a los adolescentes que asistían a un campamento juvenil del Partido Laborista. De acuerdo con la policía local, 69 personas murieron víctimas de este segundo ataque.

Gracias a su capacidad para convertir al espectador en testigo directo de los hechos que recrea, Paul Greengrass, se convirtió en cronista cinematográfico de algunos de los momentos históricos más relevantes de los últimos años con obras como Bloody Sunday (2002) o United 93 (2006). Basada en la historia real de uno de los sobrevivientes de la matanza, 22 de julio recorre, a través del viaje físico y emocional de su protagonista, el camino que siguió el país hacia la reconciliación y la recuperación.

Greengrass construye una película repleta de emoción, condensando los ataques en media hora desesperante, rodada con cámara en mano y con el ritmo que caracteriza el cine del director de Capitán Phillips (Captain Phillips, 2013), y dedica las dos siguientes a explorar lo que pasó después de los atentados. Por un lado, la lucha por la supervivencia y la superación del atentado de uno de los adolescentes que logró salir de la isla con vida. Mientras por otro, la forma en la que el asesino prepara su defensa para el juicio junto a su abogado.

Las localizaciones auténticas y el soberbio trabajo de reparto, formado íntegramente por actores noruegos, ayudan a consolidar el logro de una película repleta de diálogos que pecan de ser excesivamente explicativos, restándole sorpresa, y resultando un tanto mecánica e inane.

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