Emiliano Basile
25/08/2018 19:06

William Friedkin, gran director de cine de la década del setenta inmortalizado por El exorcista (The Exorcist, 1973), se cansó de ver copias malas de su obra maestra. Por eso trata de volver a las fuentes, indagando en exorcismos reales. El resultado deja las mismas preguntas que su film de 1973.

The Devil and Father Amorth

(2017)
6.0

The Devil and Father Amorth es un documental televisivo, como una especie de programa doble de History Channel. ¿Su valor? Es que el propio narrador es el especialista en darle veracidad a los hechos: William Friedkin, un tipo cuya vida quedó marcada por el éxito de aquel film, que sigue dando reversiones de la misma historia y abre los mismos interrogantes de su opus cinematográfico, ¿Existen los poseídos por el demonio? ¿Quienes los liberan de ese mal?

William Friedkin empieza hablando de la investigación que hizo para su película hace 45 años atrás. La relación con la ciencia es clave para entender desde el raciocinio occidental del siglo XXI los inexplicables hechos. Para eso da con el padre Gabriele Amorth de 93 años, un hombre designado por el Vaticano para enfrentar esos casos quien, lejos de jubilarse, sigue haciendo exorcismos. El caso de Christina es emblemático, una mujer devota exorcizada 10 veces por el padre sin solución. Friedkin filma el exorcismo número 11.

El gran atractivo de este trabajo es ver en escena un exorcismo real, que se supone, es más aterrador que la película de origen por ser la fuente misma de inspiración. Toda la primera parte adquiere misterio hasta que vemos el exorcismo en vivo. Claro que después la película pretende hacer una reflexión científica, espiritual y religiosa sobre el asunto y cae, en los mismos interrogantes del film original, sin el grado de terror que la película de 1973 generaba.

The Devil and Father Amorth vale por lo mencionado: es el mismo director de El exorcista filmando un exorcismo real 45 años después del film fundador de un subgénero híper rendidor en materia de taquilla. Lo que Friedkin parece no comprender es que, en tiempos de pos verdad, importa más el esoterismo alrededor del hecho que desentrañar su grado de verdad.

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