Juan Pablo Russo
23/06/2018 19:22

Protagonizada por Bárbara Lennie, Susi Sánchez y Miguel Ángel Solá, la cuarta película de Ramón Salazar Hoogers, La enfermedad del domingo (2018), que se presentó en la sección Panorama del 68º Festival de Berlín y Tribeca, resulta una obra elegante, medida y sensible sobre la melancolía.

Anabel (Susi Sánchez) aparece en las primeras secuencias de La enfermedad del domingo paseando majestuosa, como una leona dominante, por un palacio barcelonés. Es una fría dama de la alta sociedad: a mantenerse en su estatus dedica su empeño, cerebro y voluntad absoluta. Pero en la cena de esta noche alguien, que no obedece sus calculadas órdenes, que se sale del mapa por ella cuidadosamente diseñado, abrirá una herida que creía había cerrado y, también, controlado.

Chiara (Bárbara Lennie) es una chica errática e inestable emocional desde que un hecho traumático, acaecido en su infancia, la convirtió en lo que es: alguien incompleto, herido, triste e insatisfecho para siempre. El encuentro de estos dos animales acorazados dosifica en La enfermedad del domingo un manantial subterráneo de emociones contenidas (que apelan a la culpa, la redención y el abandono) que el admirable e inteligente pulso narrativo de Salazar lleva por terrenos fronterizos con el thriller psicológico y el drama familiar, sin caer nunca en lo fácil, previsible o lacrimógeno.

Con el ADN del  Ingmar Bergman de Persona y Luca Guadagnino, La enfermedad del domingo es película minimalista, íntima y personal donde la naturaleza invernal que circunda a los personajes potencia la melancolía que emana del relato.

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