Juan Pablo Russo
10/02/2018 12:10

La llamada (2017) tuvo su origen como una obra de teatro, escrita por los actores españoles Javier Calvo y Javier Ambrossi, que como muchas otras comenzó en el circuito off y que debido a su éxito pasó a uno de los teatros más importantes de la ciudad de Madrid. Cuatro años después, tras representarse en casi todas las capitales europeas e hispanoamericanas, aquella comedia musical pasó al cine, con el mismo espíritu e idénticas ganas de hacer bailar, cantar y reír al público. La versión cinematográfica se estrenó en Netflix tras pasar por el 65 San Sebastián.

La llamada

(2017)

“Lo hacemos y ya vemos” es el proactivo lema de La llamada, un mantra que se repiten sus dos protagonistas: María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo), dos chicas que pasan unos días de verano en un campamento regido por religiosas. Pero, poseídas por la desobediencia propia de la primera juventud, se escapan en busca de emociones nocturnas, ritmos calientes y un productor que les ayude a despegar como dúo musical.

Todo sigue su curso estándar de amistad femenina, con arrebatos de amor seguidos de discusiones torrenciales, hasta que cada una de ellas tiene una revelación: algo dará un nuevo rumbo a sus vidas. La llamada habla, sin grandes alardes narrativos ni riesgos en la puesta en escena, pero sí con sobrad frescura y ganas de hacer pasar un buen rato al espectador, de la confusión en el crecer y de la necesidad de tomar un camino propio y único, con un discurso integrado de respeto a la diferencia de gustos e ideologías: todas las opciones son posibles.

Con música del cantautor Leiva, La llamada tiene influencias que van desde Grease (muy reconocible la escalera por la que desciende cierto personaje), a Hedwig and The Ingry Inch, pasando por películas de la factoría Disney, de amigos para siempre como Cuenta conmigo, o feelgood movies como Pequeña Miss Sunshine. Sin olvidar, por supuesto, a Pedro Almodóvar y su Entre tinieblas.

Comentarios