Noelia Monte
28/12/2017 11:49

El amplio abanico de producciones lanzadas durante el 2017 reafirmaron que el género documental sigue fortaleciéndose y está destinado a abordar la realidad en toda su complejidad. La calidad del material de archivo y las innovadoras propuesta estéticas y narrativas fueron los rasgos más relevantes. En cuanto a las temáticas, los films sobre cuestiones sociales y políticas estuvieron muy presentes, así como también los relacionados a aspectos culturales. En este sentido, la música fue una de las variantes más elegidas. Asimismo, no pudieron faltar las películas encargadas de develar historias ocultas. EscribiendoCine realiza un recorrido por los documentales más destacados del año.

Cuatreros

(2016)

La música fue el sello distintivo en gran parte de los trabajos de este período. Cemento: El documental (2017) de Lisandro Carcavallo reivindicó y homenajeó a la famosa usina de rock fundada por Omar Chabán y Katja Alemann en el barrio porteño de Buenos Aires en 1985. Por otro lado, Blackdali, una ópera reggae (2017) de Luciano Juncos planteó un viaje al corazón del reggae para reflejar la carrera de Darío Alturria.

El club de los 50 (2017) de Sergio "Cucho" Costantino exhibió los profundos pensamientos de seis músicos durante el sinuoso y misterioso camino de la creación, mientras que Tango Suomi (2016) de Gabriela Aparici documentó la relación de los finlandeses con el tango.

Las calles sin nombres fueron el punto de partida de dos películas. Un pueblo hecho canción. Una Película sobre Ramón Navarro (2017) de Silvia Majul mostró la iniciativa de la localidad riojana de Chuquis de bautizar sus calles con los nombres de las canciones del cantautor Ramón Navarro. Por otra parte, Las calles (2016) de María Aparicio expuso en una docuficción el proyecto de una maestra y sus alumnos para denominar las calles de Puerto Pirámides, al norte de Chubut.

Siempre hay historias por contar y este año no fue la excepción. El Hombre Depaso Piedra (2015) de Martín Farina reflejó la pintoresca vida de Mariano, un hombre de 63 años que se dedica a hornear ladrillos en su chacra de Choele Choel, en Río Negro. Lantéc Chaná (2016) de Marina Zeising se centró en la figura de Blas Jaime, quien reveló ser el último heredero de la lengua Chaná.

Francisco Rizzi y Hernán Martín en La cena blanca de Romina (2017), mostraron el entramado de la sociedad argentina a través del caso de Romina Tejerina, la joven que mató a su beba concebida por una violación en Jujuy. Fernando Krichmar, Alejandra Guzzo y Omar Neri en El futuro llegó (2017), se centraron en el polo petroquímico instalado en Ingeniero White que pretende transformar a Bahía Blanca en la California argentina.

A partir de una motivación personal, Macarena Albalustri en Ensayo de despedida (2016), armó una historia para poder despedirse de su madre fallecida hace diez años. Otra producción destacada fue Dhaulagiri, ascenso a la montaña blanca (2016) de Guillermo Glass y Cristián Harbaruk, que abordó la búsqueda del sentido de la vida con una experiencia de montañismo.

Dos tópicos innovadores en la cinematografía llegaron de la mano de Adriana Casas y Ernesto Ardito. La directora demostró la centralidad de los hogares en la vida de las personas en su ópera prima Construcción fija para habitación humana (2016), mientras que el cineasta trató una creciente y silenciosa enfermedad en Ataque de pánico (2017).

La problemática habitacional también se vio reflejada en Los Relocalizados (2016) donde Darío Arcella regresa 25 años después sobre los habitantes del albergue Warnes. Por su parte la alemana Nele Wohlatz debutó con El futuro perfecto (2016), un original abordaje al mundo de la inmigración. La protagonista es la china Xiaobin Zhang, bautizada Beatriz a su arribo en Buenos Aires. La película está enmarcada por una entrevista (¿interrogación?) en la que Xiaobin va explicando los gajes de asimilarse en una sociedad extranjera y la presión familiar de apegarse a su cultura original.

La danza, la música y la oración se reunieron en La familia chechena (2015) de Martín Solá, que se centró en la figura de un hombre que practica las danzas rituales de los musulmanes sufís chechenos llamadas Zikr. En la misma línea, Cuba Santa (2016) de Alejandra Guzzo reunió las conversaciones con hombres y mujeres practicantes de la religión yoruba -más conocida como "santería" en Cuba- para narrar el fenómeno de la fe.

Hubo producciones que recorrieron distintas regiones del mundo. Una de ellas fue Diario de viaje por España (2016) de Gustavo Fuentes, que registró variados puntos turísticos de España. No obstante, debido a la conmemoración de los 100 años genocidio armenio, Teresa Saporiti y Claudio Remedi documentaron las ciudades de Buenos Aires -Argentina- y Erevan -Armenia- en Sinfonía en abril (2017).

Mientras que otras lo hicieron por las regiones de nuestro país. En Raídos (2016) Diego Hernán Marcone viaja a Montecarlo,Misiones, una ciudad poblada casi enteramente por familias cosechadoras de hojas de yerba mate, conocidos como tareferos; y Alejandro Vagnenkos ubica Escuela Trashumante (2016) en Huncal, un paraje en la provincia de Neuquén donde habita la comunidad mapuche Millain Currical. 

La historia y la política fueron dos ejes muy utilizados. Palabras pendientes (2017) de Andrea Schellemberg realizó un seguimiento a las clases de Derechos Humanos del Colegio Militar de la Nación. El Mensajero (2017) de Jayson McNamara se remontó a la Argentina de los años 70, en donde el periodista inglés Robert Cox –director del diario The Buenos Aires Herald– inició una búsqueda desesperada para conocer la verdad sobre los desaparecidos de la dictadura militar. Ejercicios de memoria: (2016) de Paz Encina exhibió los recuerdos de los hijos de Agustín Goiburú, el opositor político más importante al régimen de Stroessner en Paraguay, desaparecido en 1977.

A partir de la historia del último caudillo alzado de la Argentina Isidro Velázquez, Cuatreros (2016) de Albertina Carri propuso un film de intervención política con hechos reales, personales y sociales. Carne propia (2016) de Alberto Romero hizo un repaso por las tensiones políticas entre los trabajadores y las patronales de la carne. Liebig (2016) de Christian Ercolano juntó las historias de vida de varios ex empleados de la fábrica inglesa Liebig -en Entre Ríos- y sus familias, para reconstruir el esplendor de la industria de las carnes enlatadas, el modo de vida de un pueblo, y su posterior decadencia.

María Laura Vásquez, a través del seguimiento de ocho protagonistas, y de material de archivo inédito, retrata en Chávez infinito (2017) al ex presidente Hugo Chávez, el que lleva dentro parte del pueblo venezolano: el que no muere, el transformador que creció y cambió junto a su pueblo y el que vive actualmente en él a través del trabajo, el compromiso y el recuerdo constante.

El teorema de Santiago (2015) de Ignacio Masllorens y Estanislao Buisel documentó el regreso a Buenos Aires del cineasta argentino Hugo Santiago en 2013 para filmar su última película, El cielo del centauro. El gran circo pobre de Timoteoo (2013) de la chilena Lorena Giachino Torréns  dio luz a la historia del comediante Timoteo, que lidera el popular Circo Show de Chile, conocido por el escandaloso espectáculo de transformistas.

Algo Fayó (2017) de Santiago García Isler llevó a la gran pantalla la figura de Pablo Fayó, quien en pleno éxito dejó de publicar sus historietas para para dedicarse de lleno a cantar tangos en bares porteños. Solar (2016) de Manuel Abramovich se ubicó en la figura de Flavio Cabobianco, quien en 1991 y con tan solo diez años, publicó el libro Vengo del sol, best seller en Argentina.

La problemática alimentaria fue trabajada por Juan Pablo Lepore y Nicolás Van Caloen en Agroecología en Cuba (2017) y Pueblo verde (2015), de Sebastián Jaurs. La ecología también tuvo su mirada documental con La mirada del colibrí (2016), de Pablo Leónidas Nísenson, retrato de Francisco Javier de Amorrortu, quien dedica sus días a defender los humedales, santuarios esenciales que están siendo devastados por la infinita ambición del hombre. Las profusas investigaciones ecosistémicas y demandas judiciales que lleva adelante son obra de sus musas, espíritus alojados en su ser que guían su actuar e inspiración. Es un singular quijote que lucha por la sobrevivencia de nuestra única casa: el planeta Tierra.

Las causas y buenas acciones sociales se hicieron eco en los documentales. Los sentidos (2016) de Marcelo Burd documentó a un matrimonio de maestros rurales que educan y alimentan a un grupo de chicos de la localidad salteña de Olacapato. El puto inolvidable. Vida de Carlos Jáuregui (2016) de Lucas Santa Ana, reflejó la figura del activista argentino que luchó por los derechos de la comunidad homosexual.

Bajo la dirección de Cecilia Kang, Mi último fracaso (2016) hizo un recorrido por las relaciones sentimentales de tres mujeres coreana en Argentina para ayudar a comprender las distintas maneras en que la identidad cultural puede afectar hasta la decisiones más íntimas. Nicolás Herzog en Vuelo nocturno (La leyenda de las princesitas argentinas) (2016) reconstruyó la relación amorosa del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry con las "princesitas argentinas" Edda y Suzanne Fuch.

Por último, las manifestaciones culturales también tuvieron su lugar en el género documental. La Organización Negra (ejercicio documental) (2016) de Julieta Rocco reflejó la historia del colectivo teatral, que entre 1984 y 1992 desarrolló un nuevo lenguaje escénico que derribó la cuarta pared del teatro tradicional. Actriz (2017) de Fabián Fattore abordó el trabajo de la destacada actriz argentina Analía Couceyro; A 4 manos (2017) de Osvaldo Tcherkaski llevó a la gran pantalla a cuatro artistas plásticos del país que decidieron experimentar la pintura a 4 manos sobre un lienzo, y Miguel Baratta abordó la historia de las máscaras a través de la visión de la escritora Luisa Valenzuela en Galpón de máscaras (2017).

De esta manera, el cine documental sigue consolidándose a pesar de las dificultades que muchas veces debe enfrentar, sobre todo al hablar en materia económica. La realidad cobra un mayor protagonismo en este género, lo que hace que la meta de cara al futuro para los directores sea indagar y encontrar nuevas historias para contar, tanto particulares como colectivas.

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