Alejandro Turdó
05/12/2017 14:05

Continúa la decimoctava edición del más antiguo festival de cine fantástico de Latinoamérica, el Buenos Aires Rojo Sangre, que se realiza hasta el 10 de diciembre en el Multiplex Lavalle (Lavalle 780) y el Multiplex Belgrano (Vuelta de Obligado 2199), de la Ciudad de Buenos Aires. En esta entrega les contaremos sobre la controversial producción chilena Trauma (2017) de Lucio Rojas. Las entradas cuestan $50 por función y se puede consultar horarios y programación en www.festivalrojosangre.com.ar

Trauma

(2017)
5.0

Las historias de mujeres indefensas en una geografía distante y a merced de hombres peligrosos no es nueva en el cine de terror, mucho menos en sus subgéneros más ligados al gore. Para su cuarto largometraje, el chileno Lucio Rojas decidió despacharse con una cinta en clave torture porn que se combina la temática del Rape & Revenge… todo esto con ciertos ecos que aluden al proceso militar que tuvo lugar en el país trasandino.

Trauma cuenta la historia de cuatro amigas que deciden ir a pasar unos días a una cabaña en las afueras de Santiago, pero son capturadas por dos hombres con un pasado violento -relacionado con la dictadura militar de Augusto Pinochet- quienes harán con ellas de todo menos cosas lindas. Tras su paso por el Morbido Fest mexicano y gracias al lugar conseguido en el Blood Window de Cannes, Trauma es una producción que generó cierto revuelo por la naturaleza violenta y sangrienta de aquello que pone en pantalla.

Si bien todos aquellos que hayan visto el film estarán de acuerdo en la crudeza de lo representado, el costado crítico que intenta poner en evidencia la crueldad del proceso militar chileno, apenas sirve para dar un marco de referencia a los villanos de turno. A pesar de lo comentado por el propio Lucio Rojas, la dictadura chilena como tropo se siente en mayor parte una excusa para dar rienda suelta a un gore extremo, gracias al cual muchos hablan de una de las películas más controversiales de Chile.

El gran diseño de arte y el trabajo de fotografía elevan la factura estética de una producción que por desgracia llega unos 15 años tarde a la fiesta iniciada a principio del milenio por cintas como Hostel (2005), Las colinas tienen ojos (2006) y otras del estilo, pero intenta adjudicarse a sí misma una mayor relevancia por apenas raspar la superficie de una tragedia que marco a Latinoamérica.

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