Emiliano Basile
06/11/2017 16:47

El culto de Chucky (Cult of Chucky, 2017) es la séptima película del muñeco maldito, tercera a cargo de la dirección de su guionista y creador Don Mancini. Se editan también sin pasar por cines Hasta que el cuerpo aguante con Scarlett Johansson y El valle de la venganza con Ethan Hawke y John Travolta. Y además llegan, El planeta de los simios: La guerra y Spider-Man: De regreso a casa -también en Blu-Ray-, y la ganadora del Oscar En primera plana (Spotlight).

El culto de Chucky

(2017)

Después de La maldición de Chucky (Curse of Chucky, 2013), la secuela anterior que intentaba reiniciar la saga con el muñeco hecho en 3D, Mancini vuelve a los orígenes, a los personajes del pasado y al humor paródico que caracteriza a la saga. Un acierto por estos tiempos de recuperación nostálgica de clásicos del pasado.

De esta manera trae de vuelta personajes de películas anteriores, todos con traumas psicológicos por ser acosados por el muñeco, y justificando que el lugar de la matanza no sea otro que un neuropsiquiátrico. Ahí está internada Nica (Fiona Dourif, hija de Brad Dourif quién hace históricamente la voz de Chucky), la niña que quedó traumada en la sexta película y ahora considerada una loca asesina. En su casa está Andy Barckley (Alex Vincent), el niño de las dos primeras películas que no puede reinsertarse en la sociedad por los mismos motivos que Nica. Andy se entera del regreso de su contrincante número uno y viaja al hospital a enderezar las cosas. También aparece Jennifer Tilly de la cuarta parte de la saga haciendo de…ella misma.

Pero lo mejor de esta película es que se consagra a la clase B, como si se tratase de un monstruo más de la Universal de la década del treinta desfasado en el tiempo. En esa lógica Mancini sabe que las mejores cartas para con su criatura ya fueron jugadas y sólo pude recurrir a historias paralelas que, de una u otra manera, rememoren al muñeco maldito. Todos los monstruos de la Universal Pictures (compañía a la que también pertenece Chucky) tienen secuelas con nombres del estilo “La maldición de…”, “La novia de…”, “El hijo de…”, “El culto de…”; y Chucky no podía ser la excepción a dicha tradición.

Chucky regresa en su mejor forma y hasta multiplicado por el culto del título. Los asesinatos son propios del slasher, con primeros planos de destripamientos y amputaciones (ridículos por cierto), y el muñeco hace chistes mientras los lleva a cabo. El guiño al espectador es permanente y genera la placentera sensación de reencuentro con un momento de felicidad de antaño. Suficiente para un blockbuster contemporáneo.

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