Juan Pablo Russo
24/10/2017 14:43

Netflix, la plataforma de entretenimiento por Internet, continúa apostando fuerte por las producciones originales y estrenó su segunda película española, Fe de etarras (2017), de Borja Cobeaga. Además, ofrece dos títulos no vistos en Argentina como La reina de España (2016), de Fernando Trueba, y Pieles (2017), de Eduardo Casanova, estrenada en la pasada Berlinale.

Pieles

(2017)

Seis años después de que la organización independentista vasca ETA anunciara el cese definitivo de su actividad, llega Fe de etarras, una comedia que se ríe de un comando que espera instrucciones para llevar a cabo un atentado, mientras España juega el Mundial de Fútbol en Sudáfrica. Sólo un vasco políticamente incorrecto como Borja Cobeaga, que ha hecho fortuna caricaturizando a su pueblo, podía hacer esta película original para Netflix, que probablemente nadie hubiera querido estrenar en cines.

Producida para la plataforma de internet por la catalana Mediapro, Fe de etarras está protagonizada por Javier Cámara, Julián López, Miren Ibarguren y Gorka Otxoa. La trama transcurre en el verano de 2010 en una capital de provincia española. Un peculiar comando, formado por un veterano que necesita demostrar que no es un cobarde, una pareja cuyo compromiso depende de la continuidad de la banda y un manchego que se cree que entrar en el comando le hará sentir como si fuera Chuck Norris, se atrincheran en un departamento a la espera de recibir una llamada para pasar a la acción. Mientras tanto, la selección española arrasa en el Mundial de Sudáfrica y todo el país lo celebra a su alrededor, para mayor frustración del ridículo comando.

Borja Cobeaga demuestra una vez más su agudo sentido del humor, creando una comedia hilarante y costumbrista donde este extraño comando está abocado al mayor de los fracasos. Fe de etarras es el segundo largometraje que produce Netflix en España, tras la claustrofóbica Siete años, drama psicológico de Roger Gual.

Sin pasar por los cines argentinos también está disponible La reina de España, donde Fernando Trueba vuelve sobre los personajes de La niña de tus ojos (199). Un grupo de actores que esta vez buscan hacer una película histórica. Las primeras escenas (que se abre con imágenes de noticieros de los años cincuenta, algunas reales, otras recreadas al estilo Forrest Gump, protagonizadas por la estrella Macarena Granada, encarnada por Penélope Cruz) sirven para mostrar el reencuentro del grupo, cuando Blas Fontiveros (Antonio Resines) regresa a su país tras sobrevivir a un campo de concentración nazi. Reunida la banda alrededor de la elaboración de un biopic de dudosa fidelidad a la historia (como tantos que se rodaron entonces en España, protagonizados por actores de Hollywood) sobre la reina Isabel la Católica, las situaciones cómicas se irán sucediendo con ligereza, provocadas por confusiones sexuales, lingüísticas, sentimentales y cinéfilas.

Trueba ha poblado su guion de datos, curiosidades y hasta chismes sobre el cine de la época, combinando así el didactismo histórico-cinematográfico con una trama que repite un esquema similar al de su precedente La niña de tus ojos: la estrella de la función se fascina por un chico guapo de menor rango social, el galán macho ibérico saborea en carne propia la ambigüedad sexual, la asistente de la estrella es testigo y cómplice, etc. La censura, cómo no, es otro de los elementos de este guiso cómico de profundo amor por el cine, sus equipos, sus trucajes y, cómo no, sus miserias también.

El director de Belle époque regresa así a la comedia de enredos tras infidelidades -al género que tanto venera- con el musical (Calle 54), la animación (Chico & Rita) o el drama (El baile de la victoria). Y aunque se vislumbra parte del atraso de la España franquista, la cámara se fija sobre todo en la gente del cine. Admirador de Berlanga, maestro en el manejo de un gran grupo de actores en plano, Trueba orquesta su gran banda de amigos para que todos ellos tengan sus momentazos y gags.

La tercera apuesta española que presenta Netflix es Pieles, una desafiante puesta como director del actor Eduardo Casanova que que tiene entre sus personajes centrales a Samantha (interpretada, provista de su correspondiente e incómoda prótesis facial, por Ana Polvorosa), una chica con un ano en la cara… y la boca en el lugar del ano, que ya protagonizó su anterior cortometraje Eat My Shit. Con semejante ejemplo de osadía y descaro, no exento de lecturas no precisamente escatológicas, Casanova levanta un personalísimo film que es un canto a la tolerancia, la aceptación, la libertad, la valentía y la normalidad de la diferencia.

A continuación se presenta a una mujer con la cara deformada (Candela Peña), a un hombre cubierto de quemaduras (Jon Kortajarena) y a una prostituta que nació sin ojos (Macarena Gómez): criaturas que podríamos contemplar en una caseta de feria como las de Coney Island expuestas en una pantalla de cine sin pudor y con sobrada ternura. También desfilará una madre castrante (Carmen Machi), un enamoradizo contumaz (Secun de la Rosa) y un padre ausente y pedófilo: estos otros en el equipo de los “normales”, pero que dan mucho más miedo que los, en apariencia, monstruos.

Casanova, que sigue la línea estética extrema kitsch de sus cortometrajes previos, ha construido una película coral, con distintas tramas argumentales, en la que no faltan los homenajes a David Cronenberg Ulrich Seidl, Roy Andersson, Todd Solondz y Pedro Almodóvar. Envuelto todo ello en colores pastel y aliñado con canciones pop de los setenta, nos arrea un puñetazo que nos saca de la comodidad y el conformismo complaciente para recordarnos que no somos tan respetuosos y permisivos con el prójimo como creemos, por mucho que firmemos a menudo peticiones humanitarias en internet.

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