Juan Pablo Pugliese
17/10/2017 14:34

En Inconsciente, Lucas Turturro profundiza la visión de su idea expuesta en la video-instalación La Sombra Invertida (El inconsciente colectivo en el cine), nacida de la curiosidad sobre la representación de los sueños en el cine y cómo estos inciden en el inconsciente colectivo de los espectadores.

Inconsciente

(2017)

El origen de Inconsciente se remonta al año 2013. Turturro (El rey de la Patagonia, 2014) se despertó una noche con el recuerdo de haber soñado una escena de Ocho y medio. Intrigado, comenzó a buscar escenas de films que tuvieran secuencias oníricas. La obsesión mutó en una video-instalación que tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, donde el visitante se sumergía en el mundo de los sueños en el cine.

El documental retoma el concepto y profundiza la idea desarrollada por el director con una narración que consigue el mismo efecto de aquella experiencia. El espectador queda envuelto en escenas de ensueño de lo más variadas que comprende desde El mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939), pasando por Vértigo (1958), Carrie (1976) y Juan Moreira (1973), hasta Soñar, soñar (1975) de Leonardo Favio.

En los primeros minutos, somos testigos de cómo Turturro se somete a una polisomnografía o, como se la conoce vulgarmente, un “estudio del sueño”. A través de este recurso, el realizador nos introduce en la historia personal que disparó la instalación y, acto seguido, comienza la investigación sobre el por qué de ese sueño. Para desentrañar el misterio, reunirá a un grupo de teóricos que son invitados a contemplar las escenas oníricas que Turturro compiló.

A primera vista, Inconsciente se nos presenta con una narración caprichosa y sin una linealidad aparente. Pero esto no es así. Como si de un sueño se tratara, el documental responde a una lógica onírica donde se nos van presentando escenas sueltas con momentos donde el relato se torna más explicativo, dejando conceptos muy interesantes.

De esta manera, el realizador logra unir las piezas del rompecabezas pero apela al espectador, que deberá prestarse a vivir la experiencia y permitirse, sólo por una hora, soñar despierto.

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