Juan Pablo Russo
11/10/2017 16:57

La Suburra, en la antigua Roma, era el barrio de las tabernas y los burdeles, donde los nobles senadores se reunían en secreto con criminales para hacer negocios y amasar fortunas. Dos mil años después, no parece que haya cambiado mucho en la capital de Italia: la política y el crimen organizado siguen dándose la mano, el mundo de la calle dicta sus leyes a los gobernantes corruptos mediante intermediarios sin escrúpulos, a la sombra de un Vaticano de lo más ambiguo. Así nos lo cuenta Suburra, sangre sobre Roma (2017), la nueva serie de Netflix.

La primera serie original italiana de Netflix tiene todo lo que se espera de ella: Políticos corruptos, sacerdotes que dan rienda suelta a sus pasiones más bajas y prohibidas, traficantes de drogas, mafiosos enfrentados entre sí y mucha violencia, sexo y muerte. La a historia de dos familias que pelean por controlar la ciudad, jóvenes delincuentes que quieren su pedazo de la rosca y una Roma que luce, como siempre, maravillosamente en la pantalla, incluso cuando se retrata su marginalidad.

Precuela de la cinta de Stefano Sollima, la primera temporada está dirigida por Michele Placido, Andrea Molaioli y Giuseppe Capotondi, y protagonizada por Francesco Acquaroli, Alessandro Borghi, Eduardo Valdarnini y Claudia Gerinipero, entre otros. Basada en la exitosa novela escrita por Giancarlo De Cataldo y Carlo Bonini, se inspira en un escándalo político que se desató en la capital italiana. No es una reconstrucción histórica ni una crónica fiel a la realidad, sino un relato realista sobre un sistema corrupto, un universo, con tonos de cine negro y de western urbano.

Suburra tiene lugar en 2008, unos años antes de que caiga el gobierno de Berlusconi. La iglesia, los políticos, el crimen organizado, las bandas locales y los agentes inmobiliarios se enfrentan entre ellos, haciendo que la línea entre lo legal y lo ilegal sea cada vez más difusa mientras la sed de poder de sus protagonistas aumenta. Una suerte de cuento al revés, que nos separa del apocalipsis anunciado al principio de cada episodio, en una Roma lúgubre, la cámara nos lleva a mundos distintos y aparentemente desvinculados: el de la política, la iglesia y la mafia.

El fresco de una humanidad movida por el dinero y la ambición extrema para la que la ley del más fuerte y la carencia de héroes positivos (ni Dios se salva) entre los hemiciclos, el Vaticano, los hoteles de lujos, las villas y la periferia degradada arroja feroces ejecuciones e incontables trapicheos relacionados con las drogas, las fiestas y las manifestaciones.

Suburra cuenta con todos los ingredientes que se le puede pedir a una serie sobre la mafia (los tópicos, también) conjugados de tal manera que el resultado final es una ficción oscura, violenta y que no da tregua. Los primeros episodios son una auténtica carrera contra el tiempo. Hay tanta carne en el asador que no da respiro. Son diez episodios en donde cualquiera puede morir sin mediar otra razón que no sea el poder y el dinero.

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