Juan Pablo Russo
25/09/2017 14:30

En 2010 el cineasta Fito Pochat estrenó Un tren a Pampa Blanca, película que luego de un recorrido por las salas comerciales y festivales comenzó a proyectarse en diferentes penales de la provincia de Buenos Aires. Esa experiencia lo llevó a querer contar historias de mujeres privadas de su libertad. Así nació Interiores (2016), una película filmada en el penal de Magdalena a partir de un taller de musicoterapia. "Nos planteamos el trabajo de manera de lograr afianzar un vínculo y a partir de allí conocer sus historias", dice en una charla con EscribiendoCine.

Interiores

(2016)

¿Cómo llegan a dar el taller en la cárcel y de qué forma nace la idea de hacer el documental?
Después de haber estado en varias oportunidades en distintos penales de la provincia de Buenos Aires proyectando mi primera película, Un tren a Pampa Blanca, me surgió la necesidad y el interés de contar historias de mujeres privadas de su libertad. Desde el primer momento quise encontrar algún dispositivo que me permitiera dos cosas: por un lado salirme del estereotipo carcelario. Todos tenemos muy internalizada una imagen de las carceles que sentía que automáticamente llevaría al espectador al prejuicio (positivo o negativo). Por otro lado, quería llegar al interior de las mujeres y para eso necesitaba evitar el diálogo directo que inevitablemente me llevaría a recibir respuestas muy armaditas. Lo primero me impedía un relato observacional ya que las cárceles están repletas de imágenes icónicas, mientras que lo segundo me impedía la entrevista directa. Fue así que se me ocurrió trabajar con la música y eso derivó en la idea de generar un taller de musicoterapia.

¿Con qué impedimentos se encontraron al filmar en una cárcel?
El primer gran impedimento fueron los permisos. Además de lograr la autorización del penal de Magdalena, del Servicio Penitenciario, etc. etc., una vez que las chicas decidían que querían participar, había que tramitar un permiso individual en cada juzgado donde se llevaba la causa.

Uno piensa que todo ahí resulta un tanto imprevisible ¿De qué manera fuiste planteando la historia o se armó cuando terminaste?
Sin duda que todo allí es imprevisible. Nos planteamos el trabajo de manera de lograr afianzar un vínculo y a partir de allí conocer sus historias. El resto se hizo en montaje. Estuvimos más de un año yendo al penal a trabajar con las chicas pero recién en los últimos cuatro meses realizamos el taller de músico-terapia y empezamos el rodaje. Todo el trabajo previo fue para que ellas entendieran lo que les estabamos proponiendo y generar el vínculo necesario de confianza.

La película tira abajo el estigma que muchas veces se hace de los presos, ¿hay un planteo a priori para que esto impactara en la sociedad?
Mi intención desde un principio fue conocer a las mujeres que están presas. Además tenía ganas de indagar en un pregunta que me persigue desde hace mucho tiempo que es en qué medida somos libres para decidir sobre nuestros actos y en qué medida estamos condicionados por nuestro entorno. Aún me lo sigo preguntando.

Después del taller y la película, ¿hubo un seguimiento de las detenidas o la relación se cortó ahí?
Seguimos en contacto con algunas de ellas. Sobre todo con las que salieron en libertad. Ya pudieron ver la película en una función de pre-estreno y vendrán al estreno del 28. A otras les perdimos el rastro. Además estamos intentando, sin éxito hasta ahora, proyectar la película en el penal de Magdalena.

Estamos en medio de una crisis del cine argentino donde cada vez se le ponen más trabas a las producciones independientes y al documental, ¿cuál es tu mirada sobre lo que está pasando?
Todo lo que está pasando en el INCAA es muy grave. Cuando asumió el nuevo gobierno el cine argentino estaba en un momento de gran expansión. La gestión de Alejandro Cacetta, más allá de las diferencias que uno podía tener, planteó una política de mantener y mejorar aquello que estaba bien y cambiar lo que estaba mal. Ese proceso fue abortado abruptamente. Muy triste.

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