Juan Pablo Pugliese
16/09/2017 11:33

En el marco del Festival Enlaces que se llevó a cabo en la sede II de la Universidad Nacional de Tres Febrero, el director del Festival de Cine Independiente de El Palomar, Eduardo Marún, y el programador, Sebastián Rosal, brindaron una charla sobre el lugar que ocupa el territorio en films contemporáneos y la relevancia que tiene en la programación del evento.  

El Festival Enlaces nació con un doble propósito: por un lado acercar a la gente del partido propuestas culturales que se exhiben en la ciudad de Buenos Aires, y, por el otro, ofrecer un espacio a artistas de la zona para que expongan sus obras. Fueron dos días donde la oferta artística y cultural fue de lo más variada. Obras infantiles, charlas, talleres, cine, murgas y hasta la instalación de software libre fueron las actividades que se desarrollaron el último fin de semana.

En este marco, estuvieron como invitados Eduardo Marún y Sebastián Rosal, director y programador, respectivamente, y parte del equipo que lleva adelante el Festival de Cine Independiente de El Palomar (EPA) para brindar una charla sobre “El lugar del territorio en algunos films contemporáneos”. Luego se proyectaron el corto Merodeador de Fernando Restelli y Parábola del retorno de Juan Soto que formaron parte de la Competencia Nacional de Cortometrajes y del Panorama Internacional de Largometrajes, en ese orden, de la última edición del festival.

La conexión entre el Festival Enlaces y el EPA entonces se hace inevitable. Este último también busca acercar propuestas que involucrarían que el espectador se movilizara hasta la ciudad de Buenos Aires para acceder a ellas. En el caso de los festivales de cine, un habitante de la zona oeste, por ejemplo, debería acercarse a cualquiera de las sedes que ofrece el BAFICI o, si tiene tiempo y dinero, ir hasta Mar del Plata a otro de los acontecimientos cinematográficos con más relevancia en el circuito.

Marún resalta la importancia del territorio no sólo en los films, sino la sala donde los mismos se proyectan. Para ilustrar esto, toma prestada la idea que surge de Palacios Plebeyos, el libro de Edgardo Cozarinsky en el que se hace un recorrido histórico sobre las primeras salas de cine donde el objetivo era que espectador se sintiera un miembro de la realeza y que su experiencia sea inolvidable. El programador del EPA pone en valor el diálogo que se genera entre el espectador, el film y el espacio que no es el mismo que se da en las multisalas.

El cine Helios de El Palomar y el Paramount de Caseros fueron las dos grandes sedes de la última edición del Festival y cumple con el requisito que señala Marún. Si bien las salas sufrieron modificaciones, se diferencian sustancialmente de cualquier complejo de los que abundan y la experiencia es diferente.

En la misma línea y completando esta visión, el programador Sebastián Rosales señaló que el festival augura por un cine no permutable. Esto es, que las películas exhibidas en el EPA ofrecen la posibilidad de identificar determinadas marcas del director, no formales, sino de una experiencia propia o que dé cuenta de una realidad determinada y que las temáticas desarrolladas en el film sucedan en un espacio, lugar y tiempo determinado.

Ante todo, Rosales considera al cine como un lenguaje pero, también, como una forma de conocer el mundo. Y con tan solo dos ediciones, el EPA se convirtió en el lugar ideal para descubrir realidades distintas. Ya sea con la actividad de las pescadoras japonesas en Ama-San de Cláudia Varejao o el trabajo de los mineros y las mineras en El Dorado siglo XXI de Salomé Lamas, cada una de las películas programadas invita a sumergirse en mundos ajenos.

Marún y Rosales consideran que la identidad del EPA se terminará de construir con el correr de las ediciones y que el desafío estará en encontrar diferencias en la repetición. Para esto confían en que la idea de cine no permutable es clave para exhibir películas que enuncien desde su territorio.

Al finalizar la charla y como corolario, se proyectaron el corto Merodeador de Fernando Restelli y el mediometraje Parábola del Retorno de Juan Soto. Mientras el primero trata sobre las detenciones arbitrarias en la ciudad de Córdoba, el segundo sigue los pasos de un regreso imposible de un exiliado colombiano a su tierra. 

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