Juan Pablo Russo
17/03/2017 13:18

Fernán Mirás debuta en la dirección con El peso de la ley (2017), un drama judicial basado en un hecho real donde se entremezclan el absurdo con el hiperrealismo, algo que atenta contra el resultado final. Su estreno se dio en el marco de Pantalla Pinamar.

El peso de la ley

(2017)
4.0

Gloria (Paola Barrientos) es una abogada a la que nunca le tocó defender un inocente. El caso de un hombre acusado de violar a otro en un pueblo del interior del país la hará luchar contra viento y marea para demostrar su inocencia y poner al descubierto una red de mentiras, manipulaciones y trampas judiciales donde la justicia se medirá con la vara de la economía.

El principal problema que presenta El peso de la ley es el tono. Por momentos absurdo, por otros realista, todo se mezcla en una coctelera donde nunca se encuentra el equilibrio y lo dramático causa risa y lo gracioso pena. Recién sobre la segunda mitad, y sobre todo gracias a Paola Barrientos, es cuando la película logra encontrar un rumbo y llegar a destino con algo de mesura, a pesar de subrayar algunas cuestiones innecesarias, que se sobreentienden de antemano.

Así como la historia no encuentra su tono, tampoco los personajes que por momentos pasan del estereotipo al ridículo, de la contención al desborde y de la insinuación a una verborragia incontenible. La reiteración de información sobre algunos aspectos hace que la previsibilidad se apodere del suspenso y rápidamente se pierda el interés por lo que vendrá.

Atrás de El peso de la ley sin duda hubo buenas intenciones, un tema interesante y de impacto social. La idea de reflejar cómo se maneja la justicia de acuerdo al extracto social al que uno pertenece no está mal. Lo malo es que para hacer cine no solo hacen falta buenas intenciones y un tema interesante, sino algo más. Al menos si la intención es hacer un producto homogéneo y digno.

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