EscribiendoCine
07/03/2017 18:20

La estadía del artista francés Marcel Duchamp en nuestro país, entre los años 1918 y 1919, es el eje temático de Todo lo que veo es mío, una película escrita y dirigida por Mariano Galperín y Román Podolsky, que acaba de terminar de filmarse en la ciudad de Buenos Aires.

Todo lo que veo es mío

(2017)

Protagonizada por Michel Noher como Marcel Duchamp, y Malena Sanchez, como su compañera de viaje Yvonne Chastel, la nueva película del autor de 1000 Boomerangs también cuenta con las actuaciones de Julieta Vallina, Guillermo Pfening y Luis Ziembrowski, entre otros.

La nueva película de Mariano Galperín narra la misteriosa estadía del artista francés Marcel Duchamp en la Argentina entre los años 1918 y 1919, a donde llegó acompañado de Yvonne Chastel por razones desconocidas, pero que según una carta a Jean Crotti, habrían sido tensiones sentimentales y las restricciones a causa de la guerra.

Reconocido mundialmente como el creador del arte conceptual, Duchamp participó activamente de las vanguardias que revolucionaron el arte durante principios del siglo XX, período en el cual su obra ejerció una fuerte influencia en la evolución del arte mundial.

Duchamp estaba en contra de la sedimentación simbólica en las obras artísticas como consecuencia del paso del tiempo, por lo cual exaltó el valor de lo coyuntural, lo fugaz y lo contemporáneo, validando la creación artística como resultado de un puro ejercicio de la voluntad, sin necesidad estricta de formación, preparación o talento.

El artista se embarcó junto a Chastel a bordo del Crofton Hall rumbo a Buenos Aires, donde llegarían 26 días más tarde con la intención de quedarse algunos años, pero a las tres semanas de su llegada le llegó la noticia de la muerte de su hermano Raymond Duchamp-Villon, que se había alistado voluntario en la guerra y contrajo una fiebre tifoidea con complicaciones en un hospital militar.

Según escribió a Crotti, a Duchamp Buenos Aires le pareció muy machista, pues la sociedad porteña no aceptaba a las mujeres solas, mientras que Ettie Stettheimer le escribió que “Buenos Aires no existe. No es más que una gran población provinciana con gente muy rica sin pizca de gusto que todo lo compra en Europa”.

Sin embargo, empezó a trabajar en sus obras y trató de organizar una exposición cubista para introducir a los porteños en el arte moderno, para lo que pidió ayuda a su amigo Henri-Martin Barzun de París, que le debía traer 30 cuadros cubistas, poemas de Mallarmé y revistas de vanguardia, pero nada de eso prosperó.

Pronto dejó el trabajo de lado por el ajedrez, compró revistas de ajedrez y estudió partidas de José Raúl Capablanca, hasta que en 1919 se anotó en un club de ajedrez y empezó a jugar por correspondencia con Arensberg.

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