Rolando Gallego
21/01/2017 14:13

Amado y odiado por partes iguales. La irrupción en el mundo del cine de Xavier Dolan fue tan sorpresiva que la percepción dicotómica sobre él se mantiene hasta hoy en día. Y eso a pesar que ya ha dado vastas pruebas de su capacidad para emocionar, transmitir y atrapar a los espectadores, con sus historias intimistas, plagadas de excesos y desbordes, configurando un universo autoral único que rápidamente lo destacó del resto de realizadores de su generación.

Es sólo el fin del mundo

(2016)
7.0

Con 27 años y seis largometrajes, el director canadiense sigue impactando a todos, ahora con el estreno de su última propuesta Es sólo el fin del mundo (Juste la fin du monde, 2016), adaptación de la pieza teatral de Jean-Luc Lagarde en la que asistimos a un duelo actoral a partir de la sentida narración del regreso de un hombre a su casa natal luego de diez años de ausencia y la confrontación con su familia.

Pero todo se inició con Yo maté a mi madre (J’ai tué ma mére, 2008) su ópera prima, basada en su propia vida, deslumbró a Cannes, con el relato de un joven que no puede soportar ser hijo de su madre, a quien detesta y ama por igual. Protagonizada por el propio Dolan y una de sus musas, Suzanne Clément, el film sirvió como plataforma para hacerse conocido en el mundo con sus particulares propuestas.

En su segundo largometraje, Los amores imaginarios (Les Amours imaginaires, 2010), estrenado en Un Certain Regard de Cannes, reinventó las historias de amor, al relatar cómo la pasión por un hombre separa a dos amigos de larga data, al enfrentarlos por el intento de conquista de ambos. Nuevamente en esta producción se puso delante y detrás de cámara.

Y si de historias de amor diferentes hablamos, seguramente Laurence Anyways (2012) posibilitó su consolidación como realizador, con el desgarrador y sólido relato del amor de una mujer transgénero y su esposa, quienes se enfrentaron a todos para poder seguir adelante con sus sentimientos.

Al año siguiente presentó Tom à la ferme (2013), adaptación de la obra teatral de Michel Marc Bouchard en la que un hombre se dirige al pueblo de su novio, recientemente fallecido, y se da cuenta que nadie sabía del vínculo entre ambos. En medio del dolor deberá ver cómo lidia con la familia del fallecido que lo niega y lo rechaza.

Mommy (2014), ganadora del Premio del Jurado de Cannes, fue su siguiente film, en donde ahondó en los fantasmas de un joven con trastornos de conducta, que a pesar de los esfuerzos de su madre, un personaje muy particular, por controlarlo, se ve abrumado por su situación, en la que la violencia se presenta como la única posibilidad de escape para el presente.

Sus trabajos para Indochine (2013) y Adele (2015) además, lo ubicaron en una posición privilegiada en el mundo de la realización de videos musicales, una especie en peligro de extinción, de la que Dolan ha sabido aprovechar y continuar su línea autoral ofreciendo mensajes, más allá de las canciones, sobre el amor y el bullying.

Mientras se espera el estreno de la aún inédita en el país The Death and Life of John F. Donovan (2016), en la que un ficticio actor que interpreta a super héroes ve como su carrera se desploma al revelarse una serie de correspondencias con un niño de 11 años, se lo puede recuperar como intérprete en la polémica Martyrs (2008) de Pascal Laugier, o revisitar alguno de sus films, para tratar de comprender su habilidad narrativa, que pese a su juventud logra transmitir emociones como si hubiese vivido más de 100 años y varias vidas.

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